“¡Voy a golpear la eternidad con la cacha de mi revólver!”. Pablo de Rokha: Poesía bajo la presión del acontecimiento político.

“I’ll hit eternity with the butt of my gun!”. Paul Rokha: Poetry under pressure from political event.

 

Autor: Francisco Leal1

Filiación: Colorado State University, Fort Collins, Colorado, Estados Unidos.

Email:francisco.leal@colostate.edu

 

RESUMEN
Este trabajo reflexiona sobre la radical poesía de Pablo de Rokha, concentrándose en esa poesía que ha sido arrancada y basureada más unánimemente: su poesía política. La poesía de Pablo de Rokha ha sido constantemente admirada y estudiada; sin embargo, dada su monumentalidad casi inconmensurable de páginas, estilos y temas, ha sido también una poesía “seleccionada” y depurada para tratar de hacer legibles o digeribles sus arrebatos estéticos. Dentro de esa depuración selectiva los trabajos rokhianos que mezclan más activamente poesía con la política de emancipación han sido los más atacados por considerarlos resentidos en su calidad estética. En este trabajo busco incorporar estéticamente las ideas poéticas y políticas de Pablo de Rokha, pensar cómo se relacionan y ejecutan en sus poemas y los alcances de estas ideas comprados con otro arte político (Neruda). Este ensayo no es reivindicación de la poesía política de Pablo de Rokha, sino una manera de pensarla estéticamente, no solo como una contaminación que finalmente imposibilita la poesía, sino como una de las claves para entender lo revolucionario de la poesía de Pablo de Rokha.
Palabras clave: Pablo de Rokha, poesía, política, emancipación, poesía revolucionaria.

ABSTRACT
This work reflects upon Pablo de Rokha´s radical poetry, focusing on that poetry which has been most unanimously uprooted and  worn out: his political poetry.  Pablo de Rokha´s poetry has been constantly admired and studied; nevertheless, due to its monumental and almost incommensurable pages, styles and themes, it has also been considered as a “selective” and depurated poetry in an attempt to make his aesthetic outbursts legible and digestible.  Within this selective depuration, de Rokha´sworks mixing poetry and emancipating politics in a more active way, have been mostly attacked by considering them as resentful in their aesthetic quality. In this work I pursue to join Pablo de Rokha´s poetic and political ideas aesthetically, thinking on how they relate and execute in his poems and the range of these ideas compared to other political art (Neruda). This essay is not a reinvindication of Pablo de Rokha´s political poetry, but a way to consider it aesthetically, not only as a contamination which finally inhibits poetry, but as one of the keys to understand the revolutionary spirit of Pablo de Rokha´s poetry.
Keywords: Pablo de Rokha, poetry, politic, emancipation, revolutionary poetry.

 

Cuando se habla de Pablo de Rokha (1894-1968) casi siempre se escucha algún lamento: que la crítica lo ha abandonado, que no se lee, que sus libros no se encuentran ni se reeditan. Pero también resuenan quejas de otra índole: que su obra es un gran fracaso, un “galimatías lleno de solecismos que difícilmente puede tener curso más allá de los muros del manicomio” (Silva Castro 93). O que anuncia una empresa poética inmensa y radical, pero termina enlodado en el fracaso, en lo ilegible de la desmesura, lo inabarcable o la mera megalomanía. Pero bajo ese lamento se deja escuchar uno más radical: la desafortunada conjunción (o sutura) que el poeta hizo entre política y poesía desde Canto de trinchera de la década del treinta, hasta su muerte suicida a finales de los sesenta, sin la necesidad de que estalle una guerra civil bajo su balcón florido (“Explico algunas cosas” 49). El lamento de este cruce es en realidad doble: por un lado se queja del daño que sufrió su poesía al someterla al imperativo político, ya que “se resintió por una didáctica que el poeta no poseía del todo y por una militancia” (“Prólogo” 12), como afirma Humberto Díaz Casanueva,  o porque sus “poemas políticos que se refieren a las masas tienen un exceso de retórica impostada que recuerda el concepto del manual o sentimiento exagerado,” como indica NaínNómez(Una escritura en movimiento110). O simplemente la política aplasta y hace desaparecer a la poesía, como alega Fidel Sepúlveda: “en Pablo de Rokha tenemos poesía y tenemos compromiso, a veces compromiso solo, a veces poesía comprometida” (“Una forma poética” 167)2.

Pero por otro lado, y como fundamento de todos los avatares de su poesía, se lamenta principalmente la adhesión rotunda que toma a las políticas revolucionarias y de emancipación. Desde un presente marcado por el consenso y los buenos modales, esa adhesión se ve como ingenua, estrecha, opresora, incluso criminal o inhumana. No es exagerado suponer que el arrojo político-militante de Pablo de Rokha es la gran condena que se le hace a su obra.

Ante ese atravesamiento de la política en la poesía han surgido principalmente dos opciones a la hora de acercarse a de Rokha. La primera consiste en desechar esa poesía, arrojar a la basura de la historia a de Rokha y sobre todo a ese ímpetu: es parte de un pasado bárbaro que mejor ni recoger ni acercarse, pues de un poeta connotadamente estalinista no hay nada que rescatar. Ésta es, obviamente, la opción más común —basta ver las escasas reediciones de su obra o la dificultad de encontrar muchos de sus libros para constatar esa condena3. La otra alternativa toma el camino de la depuración: busca extirpar el arrebato político y editarlo; es decir presentar la poesía rokhiana sin la contaminación política. Pablo de Rokha es un poeta preponderantemente de antologías, y todas las antologías de su poesía presentan y rescatan casi exclusivamente sus textos de vanguardia, anteriores a la década del treinta, o los posteriores a la década del cincuenta: los poemas que no son evidentemente políticos. Nunca, por ejemplo, la reedición de un libro, solo algunos poemas o fragmentos lejos de la politiquería. La única antología de poemas de Pablo de Rokha que recoge sus poemas más políticos es la que el mismo autor preparó en 1954, en parte para suplir la falta de circulación de su obra: es una antología monumental de más de seiscientas páginas, con fotos, recortes de periódicos; una suerte de obras completas sino no fuera porque cercenó muchos de sus poemas más vanguardistas, de tinte más anárquico de su juventud, como los textos de Los gemidos. De Rokha preparó otra antología de susescritos, Mis mejores poemas, en la que excluyó sintomáticamente los poemas más políticos. Esa ha sido la tendencia. Luis Sánchez Latorre incluso acomodó una antología de Poemas rimados o asonantados, que es la poesía más tradicional y menos reconocible de Pablo de Rokha. Naín Nómez ha preparado al menos dos antologías en las que prácticamente desaparecen los libros y poemas más políticos, aunque sin duda son las antologías más representativas de la obra rokhiana. La antología de Rita Gnutzmann para Visor (España) sigue sin más las antologías de Nómez. Antologar a de Rokha ha sido un proceso de purga de su política.

Lo que sostiene esta depuración antológica es la idea de que la poesía se tiene que desentender completamente de la política y sus nombres, más aun hoy en día en que las políticas de emancipación parecen desvanecidas. La poesía ejecutada bajo presión de la política se evalúa como un error doble: poético y político. Pero de Rokha expresa esa conjunción de otra manera: “no existe un arte apolítico, porque un arte apolítico, persiguiéndolo o no, es un arte, hoy por hoy y eternamente al servicio del fascismo, del imperialismo, del trotskismo y de todas las formas de la reacción estetizante-fascistizante” (Arenga 97). El arte, para de Rokha, buscándolo o no, siempre tiene un vértice que toca la política, sea conservadora o revolucionaria. Pero no imita su lengua, sino que la remeda o crea.

Lo que me propongo en las páginas que siguen es distanciarme de la condena política y poética a que ha sido sometido el de Rokha rojo, y asomarme a lo que éste escribe de esa conjunción de poesía y política. Mi idea es presentar cómo de Rokha piensa y ejecuta su poesía bajo la presión revolucionaria, y asomarme al vértigo de una obra que se propuso, entre otras, cosas “golpear la eternidad con la cacha de su revólver” (Antología 537).

El Pablo rojo y la pasión de lo real’

“¿Cómo pensar, cuando estamos hoy tan lejos, el lazo íntimo existente durante todo el siglo entre arte y política?”(188) se pregunta Alain Badiou en El siglo, texto que me ayuda a pensar el arrebato rokhiano, sobre todo a través de su concepto de “la pasión de lo real”, que sería una de las claves para entender las revoluciones políticas, estéticas y científicas, como también la desmesura rokhiana. Para la sensibilidad actual la militancia poética y política no es más que un error salvaje, y de Rokha es tal vez un ejemplo explícito de ese exceso: sus ataques a adulaciones solo tenían la medida de su arbitrio. Uno de los más intensos libros de Pablo de Rokha (afortunadamente reeditado por Editorial Tácitas) es Neruda y Yo –realmente YO y Neruda (Escritura en movimiento172). Pero además disparar con críticas y desmantelar las Odas de Neruda, el libro parte con una declaración en la portada: Neruda, verde, y Yo, en rojo. El libro entero y mucha de su obra consiste en insistir e insistir en demostrar que Pablo de Rokha es el verdadero y sobre todo único Pablo rojo:“Neruda es un poeta burgués y yo [Pablo de Rokha] soy un poeta revolucionario” (172), resalta Nain Nómez de ese polémico libro rokhiano, Escritura en movimiento, Paréntesis en el original.

“Para el moralismo temperado de nuestros días, el pequeño siglo, el de la políticas revolucionarias reunidas bajo el nombre equívoco de ‘comunismos’, fue bárbaro porque su pasión de lo real lo situaba más allá del bien y el mal,” indica Badiou (Siglo 53). Ese ‘más allá del bien y el mal’ tiene un correlato estético: el poema, en el sentido rokhiano, se precipita como un lugar que debe acrisolar una revolución estética que solo se afirma en el poema mismo que, como veremos, es la forma de expresión de la utopía antes de la utopía. La pasión de lo real presenta “la certeza de que, procedente de un acontecimiento [político o estético], la voluntad subjetiva puede realizar en el mundo posibilidades inauditas” y que muy lejos de ser una ficción impotente, la voluntad  “afecta íntimamente lo real” señala Badiou(130), pues “no es en modo alguno las ideologías, en el sentido de lo imaginario”, es decir no es “la promesa sino el cumplimiento, el acto, lo efectivo, el presente absoluto, y no el anuncio y el porvenir” (83).

La pasión de lo real contiene una certeza que no se comprueba más que en su propia afirmación y presentación pues “nada puede atestiguar que lo real es real, salvo el sistema de ficciones en el cual representará el papel de real” (76). Desde ese punto de Rokha se lanza a una aventura que busca equiparar su poesía con las revueltas de las políticas revolucionarias. Las revoluciones políticas tienen su expresión en una poesía revolucionaria. Es decir, la problemática rokhiana entre poesía y política consiste en que ambas se alimentan de un furor revolucionario, de una búsqueda implacable por lo nuevo. En ese furor se relacionan, pero no se tienen que interpelar o definir la una con otra: ni estetizar la política, como acusa Benjamin al fascismo, ni someter la poesía la lengua partidista de la política. Para de Rokha poesía (lenguaje) y política (comunidad) son dos ámbitos diferentes, separados, pero se relacionan en esa pasión que se afirma solo en su presentación.

Ansiedad heroica

Pablo de Rokha no se cansaba de repetir que “existe un mundo de la racionalidad científica y filosófica y existe un mundo de la irracionalidad artística” (Arenga 59) y que sus reflexiones o lo que podríamos llamar el pensamiento poético está siempre plegado a su poesía, en el sentido de que en el arte no hay ideas, sino imágenes; y “cuando hay ideas, ni funcionan como ideas sino como imágenes o metáforas” (60). El poeta, tan acoplado a la presión emancipadora de la política, separa y distingue la suerte artística de la suerte política. Es, entonces, desde la poesía o del pensamiento poético desde donde emite juicios y actúa. Una y otra vez de Rokha repite que se asume como poeta militante, no como líder político4. Es decir el acercamiento que hace de Rokha a la política es siempre desde la poesía o “al pensamiento muy sutil que la rodea” (Badiou 23). Y esta vertiente se distingue en todos sus escritos: crónicas de prensa, formulaciones estéticas, su revista-editorial Multitud, poemas, etc. En de Rokha la lucha principal se da entre las formas nuevas que han de combatir y desmantelar las formas antiguas. Ahí se aclara la falta de medida tanto en su adoración (a Winétt y sus hijos, pero también a Lenin, Mao, Stalin, etc.) como en sus ataques (a Neruda, a los críticos literarios, a sus adversarios políticos, etc.: pero sobre todo a Neruda). Esta desmesura, insisto, es parte fundamental de su estética. La lucha se da entre lo verdadero y lo falso, entre el embustero y el revolucionario, y en ese terreno “todo el mundo es sospechoso, pues sospechamos cuando carecemos de todo criterio formal que nos permita distinguir lo real del semblante” (El siglo 77). La escritura de Pablo de Rokha, en su totalidad casi inabarcable, está atada a un compromiso por una revolución: la poética.

 

Pablo de Rokha comienza su libro sobre estética  Arenga sobre el arte con una específica declaración de principios:

El mandato social de los grandes poetas marxistas de hoy, no consiste en transformarse en los políticos de la literatura y suplantar a los lideres, sino dar a las masas obreras y al pueblo inmortal, una poesía y una teoría correspondientes como forma, mito y planteamiento a la gran ansiedad heroica de un mundo que trae la revolución en las entrañas del súper industrial capitalismo, cuya faz maldita es el imperialismo invasor, contra el cual luchan mundialmente trabajadores manuales e intelectuales unidos. (Arenga sobre el arte 1)5

¿Qué dice esta declaración? A primera vista resalta lo que diría cualquier poeta comunitario: la poesía se ata a la necesidad de un proyecto político, a una suerte de didáctica marxista a la que la poesía se debe someter para resaltar la realidad explotadora y su provenir libertario. Pero las cosas son más complicadas. De Rokha, en primer lugar, separa el trabajo del poeta al del líder político, no de la política. La dirección política del poema va por otro camino: no es una invitación a ver y representar la realidad tal cual es, a la manera de Neruda, que le achaca a la poesía un lugar expresivo de la realidad en cuanto  dato: “Venid a ver la sangre por las calles” (“Explico algunas cosas” 51). Pablo de Rokha le achaca al poema la misión no de denunciar una realidad sino de dar forma a una realidad que no se presenta como lisa o dato, como “sangre por las calles”, sino como “ansiedad heroica”. La diferencia poética con Neruda o con un cierto tipo de ‘realismo’ es importante: la búsqueda consiste en dar forma a un estado que no está como dato en el mundo, en ningún objeto o estado concreto. Esa ansiedad heroica existe en el mundo solo en la forma de ansiedad, existe en forma de devenir pero presente en las entrañas. La “ansiedad heroica” de la revolución que el capitalismo porta es el acontecimiento que tiene que saber expresar el poema. Ahora bien, ese devenir- acontecimiento no se presenta en forma de promesa, de premonición, de profecía: se tiene que expresar tal y como existe en forma de ansiedad en el momento material del capitalismo: aquí y ahora. No es una forma futura ni una forma de vaticinio, es una forma presente, por necesidad. “El gran ángulo social de las formas precursor-anunciadoras —¡jamás premonitorias!— dan la síntesis imaginaria y el esquema vital de las épocas desde el subterráneo de las épocas, anticipándose a las épocas” resalta Pablo de Rokha (Arenga 108).

Formas viejas y formas nuevas

En contraste con la poesía comprometida políticamente de Pablo Neruda que presenta un anhelo de transparencia frente a la realidad que intenta mostrar, la búsqueda poética de Rokha insiste en una lucha, un campo de batalla: no se puede mostrar la ansiedad heroica ni la lucha de clases ni las contradicciones del capitalismo sin que la poesía exprese en sus mecanismos de composición esas mismas marcas de contradicción. Ahí radicó su pasión y afirmación. El lugar de la poesía no es el lugar de los líderes políticos sino de la expresión de la revolución que existe en estado de ansiedad heroica y que no le teme a su tumulto. Para expresar esa ansiedad se necesitan nuevas formas, nuevas lenguas, pueblos y nuevas multitudes. El titán de Rokha se lanza a crearlos. Lo nuevo contra lo viejo se transforma en un lugar de combate estético y subjetivo que tiene un correlato con el combate político, pero no es lo mismo.

Luchar por las formas artísticas nuevas, contra las formas artísticas viejas, adentro de la sociedad burguesa, es socavar la sociedad burguesa porque es luchar por la revolución social en el campo de la belleza y del arte, luchar por las formas heroicas de hoy, por las formas trágicas de hoy y por las formas épicas de hoy adentro del pulmón popular es ser un revolucionario. (Arenga 106)6

 En ese sentido aclara de Rokha, “no es posible ser revolucionario en la forma y reaccionario en el fondo, así como no es posible ser revolucionario en el fondo y reaccionario en la forma”. El primero es el caso “del surrealista oficial [o sea Neruda], el segundo es el caso del “comunizante del romance de filarmónica” [Neruda también] (106).

Responsabilidad poética, no didáctica

“Fabricar un arte especial, burdo, trunco, periodístico para el pueblo es el mayor y peor de los crímenes”, afirma  de Rokha, consciente del problema mayor que acarrea la poesía didáctica (criminal), la poesía ablandada para trasmitir un contenido político(Arenga97). A lo que debe abocarse el artista, por el contrario, es a “dar a su época el lenguaje de su época, anticipándose a su época”, tiene que convertirse en “el precursor misterioso y estupendo de su época” y producir “el vocabulario social de su época y el sentido vital y mundial de su época” (Interpretación dialéctica76). Dar una forma poética a una época que no existe como dato sino como posibilidad que debe ser creada, es clave para su trabajo expresivo; en pocas palabras, dar vocabulario arrebatado al acontecimiento poético y político es la apuesta y búsqueda rokhiana. La apuesta es titánica, ajustada solo a la hiperbólica medida de Pablo de Rokha.

La gran poesía chilena es un hecho equivalente al descubrimiento [de América]. Estamos pisando la responsabilidad de un país, que antes de forjarse como cultura es capaz de crear su lenguaje cósmico de relación con la economía y con la naturaleza, como los pueblos más pueblos del mundo, todos pueblos que cantaron antes de crecer, antes de haber nacido. (Interpretación dialéctica 51)7

 Pablo de Rokha prefiere hacer las multitudes que seguirlas.La apuesta poética rokhiana está innegablemente relacionada con la política revolucionaria, atada a la política comunitaria, pero es y debe ser una propuesta estética. Su medida histórica es la medida de la creación, del desmantelamiento de ideologías de dominación y de preferir el fracaso, lo ilegible a la repetición y al buen gusto. Es una propuesta poética que opera a la par de la política pues su medida no es otra que lo inconmensurable de la utopía y la revuelta y la creación de subjetividades igualitarias o revolucionarias. Pero la suerte política es distinta a la suerte estética —de Rokha insiste en ese punto. El lugar de sutura rokhiano tiene que ver con que la poesía debe estar a la altura del movimiento de emancipación, ha de acoplarse a su fuerza destructiva e inventiva construcción: la poesía como la revolución tiene que instalar lo nuevo en las ruinas de lo viejo. La poesía rokhiana busca  dar forma a lo desmesurado de la emancipación que existe solo como ansiedad y cercanía a lo real. La afirmación de esa nueva expresión solo se sostiene en su propia presentación: la poesía en búsqueda de nuevas formas para expresar esa ansiedad heroica es su propia medida y prueba. Por eso, en Pablo de Rokha el poeta comunitario es sobre todo un solitario. Si la apuesta poética entablada por de Rokha fracasó o quedó tirada en los avatares de la historia, me parece mucho menos importante e interesante que el arrojo mismo.

Pablo de Rokha afirmaba que “Es amargo ser pueblo y canto-pueblo, ser pueblo y que sus banderas no entiendan la lengua que hablamos” (Antología 440), anotando el desfase entre la poesía, la expresión poética de “las multitudes” y su posible o imposible entendimiento. La comprensión y la valoración externa de la puesta poética en de Rokha tiene muy poca importancia. La condición de la poesía para de Rokha era expresar lo nuevo con formas nuevas, a fuego negro. Y punto.

Poesía: hecha pedazo y a la expectativa

Al final de su vida de Rokha escribió uno de sus poemas más célebres y sin duda uno de los más intensos de la poesía nacional: “El canto del macho anciano” (de Acero de Invierno, 1961). Es un poema largo, auto referencial o testimonial, como casi todos sus poemas. Está en todas las antologías, pese a ser un poema con evidentes reflexiones políticas. La razón: en ese texto se ha anotado un cierto arrepentimiento en de Rokha por haber abrazado tan fervientemente a una militancia política y estética. Pienso que es precisamente lo contrario: “El canto del macho anciano” no es remordimiento sino que muestra la fuerza de una exploración artística que no pide respaldo y señala las consecuencias de esa apuesta que se afirma en su propia certeza, no en lo que gana o pierde. La apuesta de Rokha, suicida como señala en el poema, consiste en arrojarse a la expresión verdadera, real, sin la contención de ninguna seguridad discursiva. Pero en el momento de tocar esa expresión, el poeta queda despedazado: muestra su vacío, su inconsistencia, sus multitudes, pero no su identidad. El logro poético y la expresividad artística nueva se juntan con la destrucción total. Así entendemos cuando Badiou dice que en “al arte fundamental del siglo el hombre le importa un bledo” (201). Lo que importa es la hazaña, el arrojo: lo imposible, el infinito contra el infinito(Textos inéditos). Y de Rokha se lanzó lejos:

comprendo y admiro a los líderes,

pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que

———————apostó su destino a la baraja

de la expresividad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,

el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría

———-y régimen,

pero queda hecho pedazo y a la expectativa. (Acero de invierno 32)

Lo melodramático de quedar hecho pedazos y confesarlo, o reconocerse en esos fragmentos de la subjetividad que es desmontada, es una de las muchas vertientes que abre la poesía de Pablo de Rokha. En casi todos sus libros el poeta lanza alguna queja o insulta, y es fácil interpretarlo como una personal necesidad de atención histérica. Pero me parece mucho más importante y atendible.  Con razón o sin, gritaba por menos atención a Neruda y más atención a las cosas que estaba escribiendo: lo reaccionaria de las Odas elementales, no solo porque desligaba la cebolla y otros productos de sus cadenas de producción, de su mancha de explotación, sino porque Neruda usa formas añejas de literatura. En esas disputas casi infantiles es donde Pablo de Rokha descuella su proyecto poético: en acción. No he encontrado una crítica más destructiva y a la vez certera de las odas nerudianas. Un requisito: de Rokha no busca seguidores, menos aplausos. Por eso no tiene discípulos. Pero en cambio gritaba enormemente fuerte para señalar un espacio poético inexplorado donde los tumultuosos textos rokhianos me parecen más inexorables que los  “Aiaiaaiaiaia” del canto VII del Altazorde Vicente Huidobro (105). De Rokha se lanza más lejos o más cerca para crear una lengua en la ansiedad heroica y su vacío. Pese a sus comentarios, Pablo de Rokha sí se confundía con líderes político, religiosos (uno de sus libros es Jesucristo, otro Moisés y también Satanás: todos sus alter egos, como Lenin o Stalin); también se impostaba en líderes populares, como en sus cantos de Raimundo Contreras y otros Genios del pueblo, o busca interpretar dialécticamente la realidad de América latina o concibe el arte solo en la arenga, pero lo claro es que de Rokha es su propio genio y figura: su propia medida. Sin embargo, a diferencia de Neruda: su monumento incluye la explosión más que el mantenimiento, y no solo por la tragedia de su muerte, de decidir volarse la cabeza de un balazo con el “revólver Smith and Wesson calibre 44 que le regaló el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, cuando recorrieron juntos el camino libertario de Pancho Villa” (Torres “Despierta Pablo de Rokha”).

Pablo de Rokha supo en carne propia el descalabro de su poeta, del necesario fracaso de sus banderas, de la urgencia de desvanecerse heroicamente pero sin alegría en exploraciones por nuevas formas. Ahí se está solo, y la política que se construye en la soledad busca más sondear una verdad que sumar adeptos y premios, tributo o imitaciones. De Rokha rechaza el lenguaje de los partidos, incluso de su partido. La diatriba, la acumulación, el tumulto, las ideas que se constituyen con choques, desencuentros, en los acantilados del sentido son su materia poética y política. La forma rokhiana de presentar sus temas es la misma: a grito pelado, sin representación, sin partido, sin buenos modales, sin fundaciones ni casas-museos que lo respalden. Pablo de Rokha se inventa a sí mismo (su nombre es Carlos Díaz Loyola), inventa a su multitud, y también a su enemigos. Tal vez por eso se teme a su desmesura. Parece mejor dormido, en forma de museo o antología. Su arrebato político y poético no deja ninguna lengua intacta, ninguna institución en sus pilares, ningún modal sin revisar. Por eso sus aguerridos discursos, sus extremadas formas de expedientación son parte del pasado. A no ser que empecemos a escuchar su destructivo pero fecundo tumulto.

Bibliografía

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1961. 49-51. Impreso.
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– Silva Castro, Raúl. Panorama literario de Chile. Santiago: Universitaria, 1961. Impreso.
– Torres, Manuel. “Despierta Pablo de Rokha”. En Punto Final, 20 de octubre de 2000.
http://www.puntofinal.cl/001020/artes.html

 

Fecha recepción: 08/03/2012
Fecha aceptación: 17/10/2012

1 Francisco Leal  (Santiago de Chile, 1977). Estudió Licenciatura en Letras en la Universidad Católica de Chile y su Maestría y Doctorado en Literatura Hispanoamérica en Washington University-Saint Louis. Como poeta ha publicado Vecindario (Stgo., RIL, 2003), Insectos (Montevideo, Artefacto, 2005), Naturalismo (Stgo., Cuarto Propio, 2005), Cortezas (Stgo. Tácitas, 2009), Cortina de Humo (Stgo, Fuga!, 2010). Fue editor de la revista Vértebra y de la antología de poesía Genetrix(1999). Sus poemas y ensayos han sido publicados en antologías y revistas tanto en Chile como en el extranjero, destacando la antología de poetas iberoamericanos en EEUU, Malditos Sudacas, Malditos latinos (México, Billar de Lucrecia, 2010), y sus ensayos sobre novela negra en la Revista iberoamericana, sobre Gonzalo Millán en Taller de letras, Eduardo Anguita en la selección Anguita 20/20 (Ed. Universitaria, 2012) o Carmen Berenguer en la Revista de crítica literaria latinoamericana. Actualmente reside en Colorado donde trabaja como profesor e investigador de literatura latinoamericana.
2 La crítica rokhiana ha sido descrita en el libro de NaínNómez y solo consta de un par de libros (más biográficos que críticos, salvo el del mismo Nómez) y un poco más de una decena de artículos que van desde ensayos, prólogos, hasta textos periodísticos. Para más detalles sobre (la escasez de) la crítica rokhiana ver Pablo de Rokha: Una escritura en movimiento.
3 De las 43 obras publicadas de Pablo de Rokha, solo 8 han sido reeditadas tras la muerte del poeta: Sátira, Los gemidos, U, Escritura de Raimundo Contreras, Neruda y Yo, Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, Idioma del mundo, y los Tercetos dantescos a Casiano Basualto. Si los números no son absolutamente exactos, hay algo igualmente preciso: ninguna de estas de reediciones son sus trabajos más marcadamente políticos: no hay ninguno desde Canto de trinchera de 1938 hasta Idioma del mundo de 1958, y esos veinte años son los considerados sus años más rojos (NainNómez:). Pablo de Rokha se dedicó a escribir, editar, vender, distribuir, criticar, antologar y reseñar sus propias obras como parte de su actividad creativa. Sobre todo con la formación de Multitud, que era una revista y una casa editorial. Pero era sobre todo otro monumento de Pablo de Rokha. Si hay un espíritu punk de en la poesía de Chile, de hacerlo todo por él mismo, sin esperar nada del estado, las municipalidades, los premios o editores, y creando desde la atmósfera hasta la letra de su alfabeto, ese es Pablo de Rokha. Por eso encontrarlo, y sobre todo seguirlo es muy complejo.
4 Badiou en Handbook of Inaesthetics establece que Bertolt Brecht es estalinista, si entendemos por estalinismo la “fusión de la política y la filosofía materialista dialéctica bajo la supervisión de esta última”(6). De Rokha, en muchos sentidos fue estalinista, pero habría que pensar nuevamente la forma en que sutura didácticamente su poesía a la filosofía materialista dialéctica. Habría que hacer otro estudio para ver esa conjunción, pero sospecho que de Rokha no reduce su poesía a los mandatos del materialismo dialéctico: toma algunas premisas de ahí, algunos métodos, algunas formas de entender o reducir la realidad, pero su poesía usa esas directrices como también otros elementos dispares, antagónicos, oscilando en una dialéctica de inclusión y expulsión que valdría la pena pensar en otro estudio.
5 Las cursivas corresponden a mi énfasis en la cita.
6 Las cursivas corresponden a mi énfasis en la cita.
7 Las cursivas corresponden a mi énfasis en la cita.