Ciencia ficción chilena reciente: visión del porvenir como espejo del presente. Un análisis paratextual del imaginario milenarista en Ygdrasil de Jorge Baradit

Recent Chilean Science Fiction: Vision of the Future like a Mirror of the Present. An Paratextual Analysis of the Millenarian Imaginary in Ygdrasil by Jorge Baradit

Autora: Macarena Areco

Filiación: Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

E-mail: mareco@uc.cl

 

RESUMEN
El objetivo de este trabajo es exponer ciertos fragmentos del imaginario social presentes en Ygdrasil de Jorge Baradit, a través del análisis de sus epígrafes. Por este medio realizo un ejercicio en el que establezco la recurrencia de tres códigos –religioso, organicista y tecnológico– y concluyo que su mezcla deviene totalitarismo, dado que el mesianismo de la novela anuncia las bodas de la humanidad con la tecnología, en pos de una unificación informática posthumana.
Palabras clave: Jorge Baradit, ciencia ficción chilena, milenarismo, posthumanismo, códigos.

ABSTRACT
The aim of this paper is to expose some fragments of social imaginary present in Jorge Baradit’s Ygdrasil, by means of the analysis of its epigraphs. By this way I establish the recurrence of three codes –religious, organicist and technological– and I conclude that its mixture develops totalitarianism, since the messianism in the novel announces the weddings of the humanity with the technology in pursuit of a computer posthuman unification.
Keywords: Jorge Baradit, chilean science fiction, milleranism, posthumanism, codes.
Exponer ciertos fragmentos del imaginario social visibles en la novela Ygdrasil (2005) de Jorge Baradit, a través del análisis de los códigos presentes en su primer epígrafe, es el objetivo del presente artículo. Para ello tomo como modelo el trabajo realizado por Roland Barthes en el libroS/Z (1970) –dedicado a Sarrasine de Balzac– y en el artículo “El análisis estructural del relato. A propósito de Hechos, 10-11” (1971)3, aunque debo indicar que mi aplicación es bastante libre y simplificada.

Como se sabe, en estos ensayos, el semiólogo francés fragmenta el texto en lexias, es decir, en unidades de lectura –por ejemplo, el versículo en la Biblia–, separadas de manera más o menos arbitraria4 con la finalidad de “remontar las venillas del sentido” (S/Z 8) y mostrar “el espacio estereográfico [plurívoco] de la escritura” (10)5. Para ello va descubriendo la presencia de determinados códigos, entendiendo por esto “una perspectiva de citas, un espejismo de estructuras” (15). Es decir, no un paradigma acabado, sino una virtualidad de la cual solo se tienen noticias por los jalones o fragmentos que el texto deja ver cuando se lo tamiza.

Los códigos no son un inventario fijo, sino que varían según el texto elegido. Así, en S/Z Barthes descubre cinco, ya presentes en las tres primeras lexias: hermenéutico (Her), sémico (Sem), simbólico (Sim), proairético (Acc) y cultural o gnómico (Ref). Mientras que el primero involucra un enigma, articulando una pregunta y su respuesta o aportando un desciframiento, el sémico alude a los “significados de connotación” (“A propósito de Hechos…” 297)6, el proairético a las acciones (Acc), y el cultural o gnómico a “citas a una ciencia o a un saber” (S/Z 15)7.

Por mi parte, en este análisis no intentaré buscar los códigos de Barthes, sino que reseñaré aquellos particulares del texto8, para lo que me centraré en especial en el código sémico. Para entender mejor a qué se refiere Barthes con este último, podemos considerar que en S/Z lo ejemplifica con la “e” final de Sarrasine, que alude a la feminidad en el francés, o en la palabra mansión como connotadora de riqueza, añadiendo la explicación de que se trata de “un significado” o un “sema” (13) que remite a otro significado. En esta línea, mi análisis del código sémico alude al campo semántico o más bien léxico que es connotado9 o, si se quiere, traído, de manera virtual o paradigmática, al texto por medios léxicos o sintácticos10. Así, en el epígrafe de Baradit, me referiré principalmente a tres códigos sémicos –el religioso, el biológico y el tecnológico– cuando las palabras o estructuras sintácticas connoten significados relativos a estos campos. Específicamente en el caso del código biológico, considero la comprensión del cuerpo como un organismo recursivo, formado a su vez por otros órganos, el cual es, además, el modelo de otros sistemas, entre ellos la sociedad entendida como organismo, en que, por ejemplo, la familia es definida como su núcleo fundamental (Constitución del 80. Artículo 1°, inciso 2°)11. Creo, asimismo, que es posible asociar determinadas estructuras de pensamiento a estos subcódigos: una lógica trascendentalista y escatológica, que se orienta a la salvación en el final de los tiempos en el primero; una organicista, en que las partes se perciben como componiendo un todo diferente a su mera suma en el segundo; y una mecanicista, en el tercero, donde el funcionamiento de lo real se asimila al de las máquinas12.

Si bien el análisis se centrará en estos tres, los restantes códigos barthesianos no dejarán de aparecer del todo, tanto en términos de presencia como de ausencia. Así, como lo veremos de inmediato, leo, en presencia, el código hermenéutico en el inicio del primer epígrafe y, en ausencia, a través de todo el párrafo, los códigos histórico, topográfico, cronológico y onomástico, lo cual es indicador de la falta de fijación espacio-temporal y subjetiva del texto. Esta indeterminación y la visión macro, cosmogónica y atemporal, son marcas características de esta narración.

Finalmente, debo decir que mientras Barthes entiende esta modalidad de trabajo como un “esparcir el texto en lugar de recogerlo” (S/Z 9) y como un intento por quebrar el relato sin proponer un cierre13, en este caso sí le otorgaré un sentido a la presencia de determinados códigos, el cual si bien no es único ni definitivo, me permitirá dar cuenta de fragmentos de imaginario social específico.

Ygdrasil narra las desventuras de Mariana, su protagonista, cuya madre ha sido una “perra” (una esclava sexual a la que se la ha mutilado para cumplir mejor su función) en una población de Santiago de Chile, al servicio de su padre. La mujer, luego de asesinar a su progenitor –quien la ha violado y la ha explotado durante cuatro años– huye desde Chile a México, convirtiéndose primero en sicaria adicta a una droga a base de maíz que solo asesina a hombres y luego siendo “redimida” por el gobierno que la obliga a infiltrarse en el sistema informático del Banco de México para conseguir información clasificada. A través de las distintas misiones que le encomiendan, Mariana se va involucrando crecientemente con entidades cada vez más crueles, desconocidas e inhumanas, debiendo desempeñar labores más cruciales y que involucran el sacrificio de mayor cantidad de inocentes. El punto cúlmine de este trayecto es su ingreso en la Chrysler, el espacio principal que en este relato representa a la globalización, una multinacional dedicada al transporte de datos ciberespacial, con una organización económica de carácter esclavista, que ha devenido nación. Allí toma contacto con el perverso líder religioso-sindical de la “Sección 14” de la Corporación, la de los navegantes ciberespaciales, llamado el Imbunche, quien organiza una guerra santa para vencer al directorio de la empresa. No obstante, en el desenlace se sabe que tanto el Imbunche como Mariana, solo han sido piezas al servicio de un complot cosmogónico desarrollado por una sublime agrupación de carácter milenarista –Los Perfectos–, el cual, vía la conexión a la red, permite esclavizar los cuerpos y las almas de los seres humanos para construir el árbol cosmogónico, el Ygdrasil, que hará posible el advenimiento del Mesías, el “golem impostor”, que reemplazará al “dios comatoso”. Al final de la novela Mariana, quien ha creído escapar de su padre, de Santiago, de la droga y la abyección, cumple su destino de perra al ser instalada como “la joya del Ygdrasil”, una pieza fundamental del árbol, mediante desmembramiento e imbunchización: “Allí, suspendida, le arrancaron piernas y brazos, la cauterizaron con hierros al rojo vivo y la incrustaron con ganchos de acero al mecanismo que colgaba en el centro del útero. Incrustada como una joya. La joya del Ygdrasil./ Luego le extrajeron los ojos y le hundieron terminales de datos en los nervios ópticos” (265).

Ygdrasil se abre con el siguiente epígrafe:

Guiamos el desarrollo de la red como se cría al verdadero hijo de Dios. Planeamos su desarrollo como una copia de la estructura neuronal de un santo. Cada nodo diariamente incorporado es una letra del conjuro definitivo. Cuando la última palabra sea agregada, el Altísimo tocará esta obra de sacra artesanía con su dedo hirviente y se alzará viva, levitando sobre las cabezas de los hombres, entonando una letanía electrónica en nota sol. Todas las mentes se sincronizarán en el tono emitido desde el cielo y serán infectadas de amor a Dios. El alma de la humanidad se elevará en una sola mente, se hará carne y cable como un gran insecto, orando en código binario y comunicando directamente a la corteza cerebral el infinito rostro de Dios.

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Antes del análisis por lexias, es importante determinar quién habla en este texto. Así, el epígrafe se inicia con un narrador en segunda persona plural, el cual no se identifica. Se trata de un narrador colectivo y genérico, que no presenta rasgos de individualidad, cuya impersonalidad se consolida a partir de la tercera línea, donde se pierde el foco del nosotros y se pasa a un discurso no situado personalmente, omnisciente y de tipo enciclopédico, en el que la mirada es de dimensiones universales y cósmicas, similar a la que aparece al comienzo de algunas películas del género: “En una galaxia muy lejana”14. Este narrador contrasta con el de la acción, el cual, con una focalización móvil, nerviosa, dice muy poco, pues delega gran parte de la información al diálogo de los personajes, y es incapaz de entregar explicaciones totales, como lo muestra el que, dentro de la novela misma, tenga que acudir al narrador enciclopédico del epígrafe, por el expediente del despliegue de archivos computacionales15. Esta incapacidad del narrador de dar cuenta de la situación, que también lo es de los personajes, y que se anticipa ya en este primer epígrafe, es indicativa de la alienación que se intenta representar en la obra, a la que me refiero en otros trabajos16.

Paso, entonces, al análisis pormenorizado del primer epígrafe:

– “Guiamos el desarrollo de la red como se cría el verdadero hijo de Dios”: el código hermenéutico aparece en la primera palabra por la presentación de un enigma: ¿quiénes se ocultan en la desinencia de segunda persona del plural?, ¿quiénes son los narradores de este epígrafe? Este punto de partida inserta a la novela en el formato del relato de enigma, según el cual el acontecer desarrollará una pesquisa respecto a quien es ese “nosotros”17. Los epígrafes dos y tres, referidos a los Perfectos, entregan, sin decirlo explícitamente, una respuesta a este problema inicial. Así, quienes guían el desarrollo de la red son los Perfectos, los que “son un número primo siempre” (segundo epígrafe) y son tóxicos para nuestro universo, al modo de células cancerosas que forman un quiste (tercer epígrafe).

La presentación inmediata del enigma así como su pronta respuesta, a vuelta de página, son indicadores del tempo apresurado y febril, de lo que podríamos llamar la impulsividad de este relato, la cual es uno de los rasgos más notorios de su estilo, así como de la recepción popular a la que aspira, al entregar la solución, como se dice, en bandeja. No obstante esta casi inmediata revelación, el enigma queda reverberando a lo largo de todo el texto, desde el imperativo inicial de Ramírez por saber qué es el traspuesto, en el capítulo uno, hasta la necesidad de conocer en qué consiste la tecnología Empalme Rodríguez en el centro del relato, terminando por la pregunta de la protagonista Mariana acerca de cuál es su lugar en el Ygdrasil, hacia el desenlace.

Como he dicho, la presencia del código hermenéutico es complementaria con la ausencia del onomástico, que se mantendrá en todos los epígrafes. Así, “Perfectos” es un adjetivo vuelto nombre propio que, debajo de su aparente determinación y rimbombancia, esconde un vacío, lo mismo que las explicaciones del tipo “son un número primo siempre”18. Del mismo modo, los otros subcódigos culturales mencionados por Barthes, el topográfico y el cronológico, que operan ofreciendo una ubicación espacio-temporal, tampoco aparecen.

Por otra parte, el código accional se manifiesta en “guiamos” y en “cría”, lo que es un primer indicio de la potestad de los seres hasta ahora indeterminados cuya voluntad hecha realidad abre el párrafo. En efecto, mientras el modo indicativo y el tiempo presente del primer verbo señalan la realización efectiva de la acción, el símil –perteneciente al código retórico de Barthes– permite enlazar el código biológico con el místico, en lo que será una primera muestra de la mezcla de cuerpo y alma de que trata la trama19. De este modo, en cuanto al código sémico que es, como he dicho, el que me interesa abordar con mayor profundidad, en esta primera lexia ya están presentes los que serán los tres campos léxicos principales del texto: el tecnológico, en “la red”; el biológico, en la palabra “cría”, en el sentido biológico-organicista, pero también en el social, en cuanto es en el marco de la familia (“la célula básica de la sociedad”), que se “cría” al hijo; y el religioso en “el verdadero hijo de Dios”, donde nuevamente está la familia. En este último aparecen, además, lo que podríamos llamar dos metaconnotaciones, que especifican el código místico. Por una parte, la referencia al Mesías trae a colación ya en la línea inicial el milenarismo; por la otra, el adjetivo “verdadero” es un primer indicio de un imaginario totalizante ligado a la religión, que progresivamente se irá volviendo dominante.

– “Planeamos su desarrollo como una copia de la estructura neuronal de un santo”: esta segunda lexia repite los códigos de la primera, aunque el tecnológico apenas aparece en la idea de “copia”. Así, se mantiene el enigma del nosotros desconocido –es la última vez en que se alude aquí a este sujeto colectivo– y se usan términos del campo biológico-organicista (“desarrollo”, “copia”,” neuronal”) y religioso (“un santo”). El verbo “planeamos” remite al código accional y también al organicista, en la medida en que lo que se planea es la copia de un desarrollo neuronal, pero aplicado a una figura religiosa.

– “Cada nodo diariamente incorporado es una letra del conjuro definitivo”: este tercer fragmento se abre con el código que apenas se vislumbra en el segmento anterior, el tecnológico (“cada nodo”), para continuar con el mecanicista (“diariamente”), el accional (“incorporado”), el místico, en una variante cabalística (“una letra del conjuro”), y terminar con el mecanicista (“definitivo”). Lo anterior permite una consideración relativa al ritmo: los códigos se van alternando, formado una especie de trenza, si uno de ellos falta en una parte, en la otra aparece en la apertura. No obstante, hay una deriva que irá desarrollando de modo progresivo, a través de los adjetivos, la tendencia del texto hacia lo unívoco, que antes se percibía en el adjetivo “verdadero” y ahora en “definitivo”. En tanto, la repetición, como parte del código comunicativo, connota el sistema de enunciación– recepción popular20.

– “Cuando la última palabra sea agregada”: aquí se trata de repetir (Com) y destacar el fragmento de código religioso que aparecía en la línea anterior, mezclado con el de la acción (“sea agregada”), que, en la forma pasiva del presente del subjuntivo da cuenta, más que de la no realización, de una suerte de fatalidad, de la que es imposible sustraerse. La especificación cabalística (Sem religioso), de intertexualidad borgeana (Ref), en que la palabra aparece completando un jeroglífico, remarca el fatalismo y la impersonalidad propios de la ley (Sem. mecanicista), donde no se sabe quién agregará la palabra ni se contempla la posibilidad de que ello no ocurra. También indica la tendencia totalizante del epígrafe.

– “el Altísimo tocará esta obra de sacra artesanía con su dedo hirviente y se alzará viva”: en esta lexia se insiste en el código religioso, mezclado con lo que podríamos considerar el código accional ejemplar, la Creación, siendo el Altísimo el creador capaz de dar vida a través del fuego. En esta denominación podemos reconocer una referencia intertextual (Ref) al género de la ciencia ficción, pues remite al título de la que quizás sea la más importante novela del género publicada en Chile, Los altísimos de Hugo Correa, de 1959, lo que es también, como código comunicativo, una alusión al contexto de producción y recepción. Por otra parte, en la descripción de la red como obra de “sacra artesanía” que “se alzará viva” están los tres códigos sémicos principales: tecnológico (en el sujeto implícito que es la red), religioso (en “sacra”) y biológico (en “viva”).

– “levitando sobre las cabezas de los hombres”: en ese segmento se unen el código accional y el religioso en la levitación, solo que es la red la que levita y se ubica sobre los hombres y no son estos lo que ejecutan la acción. El peligro que representa el advenimiento de un futuro posthumano, del que advierte la novela y al que me referiré al final, está esbozado en esta disposición espacial (Sim) que deja entrever la subyugación de los hombres por la tecnología informática. El código religioso también aparece en la forma del gerundio que presentifica la acción resultante de la creación divina, en el aquí y el ahora.

– “entonando una letanía electrónica en nota sol”: en esta lexia –que se ubica casi en el centro del párrafo– se yuxtapone el código accional (“entonando”), al religioso (“letanía”21) y el tecnológico (“electrónica”). Aparece además, un código simbólico que podríamos llamar centralista, fundamentalista o totalizante, que remite todo a una nota dominante central –“sol”– en la que todo confluye, se asienta o fundamenta22.

– “Todas las mentes se sincronizarán en el tono emitido desde el cielo”: se repiten los códigos anteriores: el tecnológico, en “sincronizarán” y “emitido” (palabra propia de la teoría matemática de la comunicación23; el místico, pues la emisión proviene del cielo, como asimismo por el sentido de cumplimiento inevitable dado por el verbo en futuro; y el totalizante, en la palabra “todos” y también en el sentido de sincronicidad como reducción de la multiplicidad temporal en uno24.

– “Y serán infectadas de amor de Dios”: aparece aquí el código religioso, presente, como ya he dicho, en el uso del futuro (profético) y en la mención a Dios, y el biológico en la noción de infección, que también tiene un sentido tecnológico, en la medida en que el lenguaje informático ha tomado las nociones de virus y de infección de la biología25.

– “El alma de la humanidad se elevará en una sola mente”: código religioso (“alma”, “elevará”), simbólico (“elevará”), accional (“elevará”) y totalizante (“una sola mente”). La acción de elevarse no es ejercida por un individuo o por un grupo, sino por una totalidad espiritual y abstracta, “el alma de la humanidad”. Así, una de las pocas veces en que aparece un sujeto expreso activo, este potencial de “agencia” está desvirtuado por el carácter inmaterial del sujeto y por el sustantivo abstracto-colectivo “humanidad” que invalida la posibilidad de agencia individual o social, situada o contingente.

– “Se hará carne y cable”: código biológico en “carne” y también religioso por la intertextualidad con “el cuerpo y la sangre de Cristo”, además del organicismo social del matrimonio, en tanto se alude al “ser uno” de los esposos; tecnológico en “cable”, palabra que, junto con ser un significante privilegiado para Internet, es el elemento material que permite la conexión; religioso en el mesianismo profético de que es indicador el uso del futuro (como se verá más adelante, la respuesta, que aparecerá en el título del último capítulo, es amén, que así sea).

– “como un gran insecto (Sem biológico) orando (Sem religioso) en código binario (Sem tecnológico)”: al estar presentes los tres códigos sémicos del texto, este segmento opera como un sumario de su estructura imaginaria. La formulación: “orar en código binario” es una síntesis del fundamentalismo tecnológico, al que me referiré al final.

– “y comunicando directamente a la corteza cerebral el infinito rostro de Dios”: la última lexia vuelve a repetir los tres códigos: biológico en “corteza cerebral”, religioso en “el infinito rostro de Dios” y técnico en “comunicando directamente”, como alusión a la Red. La palabra comunicación, reforzada por el adverbio, remite también al código accional, en que da cuenta de la capacidad de agencia del nosotros indeterminado del comienzo. Así, si bien al final del epígrafe no sabemos quién es, sí sabemos de su poder para lograr sus propósitos. Por otra parte, la unidireccionalidad remite al código totalizante, en tanto la comunicación no es tal –si consideramos que un sema esencial de ella es el “poner en común”26. Mientras se enfatiza la multiplicidad en el caso de Dios, el receptor del mensaje proveniente del “nosotros” (no de Dios) es un complemento indirecto cuyo sujeto inanimado es una parte de un órgano (“la corteza”). El texto se cierra así en una dimensión unívoca, en que la mezcla de los tres códigos (religión, biología y tecnología) deviene fundamentalismo tecnológico y totalitarismo. En efecto, las metáforas del cuerpo, la crianza y el matrimonio, unidas a las tecnológicas y religiosas, se usan para construir la imagen de un poder total. Se trata de un mesianismo que anuncia las bodas alquímicas de la Humanidad con la tecnología con una finalidad posthumana, que es también un acabo de mundo, al cumplirse el objetivo del Ygdrasil y de los Perfectos de producir el Mesías.

Este advenimiento del Mesías que anuncia el epígrafe27 da cuenta del imaginario milenarista de la novela, entendiendo por milenarismo un tipo de movimiento religioso popular que anuncia la inminencia de la Parusía o la segunda venida de Cristo, quien instaurará su reinado milenario en la tierra, que puede ser precedido o seguido por el Apocalipsis28. En este marco, los Perfectos pueden considerarse como los integrantes de una secta milenarista, idea que se refuerza en la reaparición de su voz en el texto de un archivo computacional:

Una vez que esta red de computadores astrales se conecten . . . el Ygdrasil despertará. Con él lo hará la Chrysler y su vida se extenderá por las redes de todo el planeta. La metamente lo cubrirá todo y nuestra obra estará hecha . . . . La nueva Torre de Babel pulsará con su llanto de recién nacido en código binario y ya no necesitará de nadie más. El Ygdrasil, la gran catedral electrónica, acogerá al hombre que se moverá entre sus columnas y sacristías como un pez en un banco de coral informático . . . y comenzará a olvidar. Con los años, nuestro planeta dotado de corteza cerebral será un solo gran organismo. El triunfo final del Demiurgo, el primer ojo consciente flotando entre el plancton de la galaxia . . . . Otros darán vida a esa anémona innumerable. Nosotros solo somos hombres*”. (211)

En este marco, más que del advenimiento del Mesías, de lo que advierte Ygdrasil es de la instauración de un fundamentalismo tecnológico totalitario29, contra el cual también ha prevenido Paul Virilio en El arte del motor, quien se ha referido a un nuevo oscurantismo científico y a un “integrismo técnico” (127) que sería la nueva forma de dominación, de la cual las tecnologías informáticas y de biocontrol son solo instrumentos. Según este autor, en una época en que la conquista del espacio se ha replegado y la globalización ha terminado de colonizar el planeta, la tecnología realiza una endocolonización del cuerpo desprotegido, que lo convierte en “materia prima”:

las tecnociencias se precipitan sobre el cuerpo de este hombre planeta ingrávido y al que ya nada protege verdaderamente, ni la ética ni la moral biopolítica. Por no poder escapar de nuestra biosfera natural, se va a colonizar, como tantas veces ya, un planeta infinitamente más accesible, el de un cuerpo-sin-alma, cuerpo profano, para una ciencia sin conciencia que no ha dejado de profanar el espacio del cuerpo del animal, del esclavo o del colonizado de los imperios de antaño. (124)

Llegado este punto podemos entender el carácter ya no milenarista (que sí lo es de los Perfectos), sino el apocalíptico de Ygdrasil, a partir de la función que, según Christopher Rowland, tiene esta clase de literatura: “El propósito del Apocalipsis es revelar lo que está oculto para que sus lectores puedan comprender su situación desde la perspectiva divina . . . revelando la auténtica significación del pasado, el presente y el futuro” (62). Es éste también el papel que Jameson le asigna al mapa cognitivo, al cual yo pienso apuesta esta novela: “devolver a los sujetos concretos [en este caso los lectores] una representación . . . de su lugar en el sistema global” (115) del capitalismo tardío.

Posmodernismo y posestructuralismo

La mezcla expuesta por el análisis de los códigos y más aun la hibridez de Ygdrasil me permiten, muy elementalmente, referirme a ella como una novela posmodernista. Lo destacable es que, no obstante esta hibridez, el código final es determinista: el desarrollo de la red es guiado por un nosotros, hay un hijo de Dios “verdadero”, el conjuro será “definitivo”, la red vivificada por Dios entonará “una letanía electrónica en nota sol” (nótese la repetición de lo monológico: es una letanía y la nota es una, además de la central); “[t]odas las mentes se sincronizarán en el tono emitido desde el cielo”; y “el alma de la humanidad”, transformada en una sola mente, “se hará carne y cable”. En este sentido, pienso que el texto hace un llamado a no obnubilarse, pues la red, debajo de su “infinito rostro”, es monolítica y fundamentalista, del mismo modo en que pueden serlo la religión y la razón, pero sumando el hecho de que su apariencia polimorfa lleva a que la imaginemos como rizomática, y a que nos engañemos con los supuestos potencialmente liberadores de una estructura de este tipo, descentrada y no jerárquica. El análisis de los códigos revela, entonces, una paradoja: mezcla posmoderna (procedimiento), empleada para hacer una crítica a la posmodernidad expresada en la red y en su estructura rizomática, que esconde una voluntad totalitaria. O uso del posmodernismo (estética) para hacer una crítica a la posmodernidad (época)30. Así, el análisis pormenorizado del primer epígrafe, muestra que, detrás de una aparente diversidad (la red, las neuronas, los conjuros, Dios y los santos), está la articulación constante, incluso monótona (“letanía electrónica en nota sol”) de tres códigos31.

Por otra parte, si nos detenemos en el tercer epígrafe que, como decía, junto con el segundo, resuelve el enigma del “nosotros” del comienzo, pienso que aparece un código que podríamos llamar “posestructuralista”. Lo cito completo:

Los Perfectos constituyen una red que se dispersó por el mundo con el objetivo de expandir la fisura que los produjo. Son la medida de un nuevo orden. Los produce una ecuación que arroja el nombre de otro dios en su resultado. Son tóxicos para nuestro Universo y su accionar es “ligeramente” distinto. Cuando se los mira a los ojos, parecen estar mirando “ligeramente” hacia un costado, como si dirigieran el foco hacia otro espacio. Su motricidad está “ligeramente” descoordinada con nuestra realidad, y deben moverse con cuidado, procesando previamente sus gestos en una matriz de cálculo que traduce la intensidad y el alcance de sus maniobras, para hacerlas coherentes con nuestro espacio. Este rasgo les ha dado el nombre de “danzantes”. Son células cancerosas generando un quiste en la realidad.

Texto de la entrada “Montsegur” de la Enciclopedia Universal Italiana, en su versión popular de 1957. En su reedición, aparecida apresuradamente ese mismo año, la cita fue reemplazada por una descripción lata de los materiales usados en el estuco de las paredes de una fortaleza32.

Así, se dice que los Perfectos –quienes guían el desarrollo de la red– son el producto de una “fisura”, palabra posestructuralista por excelencia; que son “ligeramente distintos” –las diferencias y suplementos derridianos, en lo cual se insiste tres veces–; y que son, además, “células cancerosas” que generan “un quiste”. Pero, si nos detenemos en esta última representación de los Perfectos, podemos percibir que si bien es rizomática, no se hace eco del potencial emancipador que Deleuze y Guattari le asignan de modo preferente a ese tipo de “agenciamiento”, sino que, por el contrario, da cuenta de sus derivas despóticas, a las que estos autores han aludido marginalmente (24-25). En efecto, los Perfectos, más que manada que permite escapar de la subjetividad estratificada o de la cárcel del yo, son “células cancerosas”, causantes de una enfermedad que lleva a la muerte. Ligados al poder, son los materiales con los que se forma el “estuco de las paredes de una fortaleza”. De hecho, la novela se cierra, en el último título, con un lapidario “así sea”, que une cuerpo y misticismo en la realización del Ygdrasil33: “De la verdadera aparición de la fe en los corazones de nuestros hermanos, y del gran quebranto que en sus carnes sucede a los aguerridos lautaros, y acerca de lo que le ocurrió a Mariana en las entrañas del Igdrasilo con el Gral. Lo juro todo lo que vivido por la santísima madre de todos los cielos. Así sea” (271). De esta forma, las representaciones postestructuralistas –de modo similar a lo que ocurre con las organicistas, religiosas y tecnológicas– se cierran en el misticismo informático totalitario que conduce a un futuro posthumano, en el que cada hombre y cada mujer “no será más que un nodo conectado a una red inalámbrica” (264).

 

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Tallman, Benjamín. ¡Una visión del porvenir! O el espejo del mundo en el año 1975. Santiago: Imprenta Nacional, Calle de la Moneda, N° 46, 1875. Memoria chilena. DIBAM. ¡Una visión del porvenir! O el espejo del mundo en el año 1975. Web. 29 de agosto de 2009. <http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0047463>

Virilio, Paul. 1993. El arte del motor: aceleración y realidad virtual. Buenos Aires: Manantial, 2003. Impreso.

White, Hayden. Metahistoria. La imaginación en a Europa del siglo XIX. 1973. México: Fondo de Cultura Económica. 2002. Impreso.

Wolton, Dominique. Pensar la comunicación. Buenos Aires: Prometeo libros, 2007. Impreso.

Fecha de recepción: 30/09/09
Fecha de aceptación: 12/11/09

  1. Macarena Areco es periodista y Doctora en Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha publicado entrevistas y artículos en revistas especializadas sobre narrativa chilena y latinoamericana del siglo XX. Actualmente se desempeña como profesora en la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  2. Una versión preliminar de esteartículo fue leída en el congreso “La Universidad Desconocida” (Universidad Diego Portales, 18-21 de agosto de 2009) y forma parte de la investigación posdoctoral financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Chile titulada “Tramas e imaginarios sociales en la ciencia ficción chilena reciente”, Proyecto Fondecyt Nº 3080043. El objetivo de ésta es revelar fragmentos del imaginario social en la ciencia ficción chilena reciente, en un corpus de cinco obras escritas entre fines de los ochenta y la actualidad: El ruido del tiempo (1987), de Claudio Jaque; Flores para un cyborg (1997), de Diego Muñoz; 2010: Chile en llamas (1998), de Darío Oses; Ygdrasil (2005) de Jorge Baradit; Identidad suspendida (2007), de Sergio Amira. La tesis de la investigación es que la ciencia ficción funciona entregando imágenes, más que del porvenir, del presente. En el título de esta ponencia, intento hacer un juego de palabras con el título de la que probablemente sea la primera obra del género publicada en Chile: ¡Una visión del porvenir! O el espejo del mundo en el año 1975, de Benjamín Tallman, un texto breve, impreso en Santiago en 1875, en que se relata un sueño que consiste en la lectura de un periódico del futuro, del cual se transcriben avisos comerciales. Digo, entonces, ciencia ficción como espejo, en el sentido de imagen del presente, pero entiendo que no se trata de un reflejo directo sino de una refracción, sirviéndome de esta idea desarrollada en el círculo de Bajtín. El concepto de imaginario social de Cornelius Castoriadis –entendido como un proceso de creación instituyente del decir y el hacer social basado en un la lógica identitaria y de conjuntos– es el que me permite realizar una mediación entre literatura y sociedad en estos términos: “Lo imaginario . . . no es imagen de. Es creación incesante y esencialmente indeterminada (histórico-social y psíquico) de figuras/formas/imágenes, a partir de las cuales solamente puede tratarse de ‘alguna cosa’. Lo que llamamos ‘realidad’ y ‘racionalidad’ son obras de ello” (12). Según esto, lo que aparece en la literatura no es la realidad directamente reflejada sino que su refracción social en fragmentos de imaginario.
  3. Hasta lo que sé, Barthes ha dedicado a esta clase de análisis otros dos ensayos, uno de La isla misteriosa de Julio Verne (El grado cero de la escritura) y otro de “El caso del señor Valdemar” de Edgar Alan Poe.
  4. “La lexia comprenderá unas veces unas pocas palabras y otras algunas frases, será cuestión de comodidad: bastará que sea el mejor espacio posible donde se puedan observar los sentidos; su dimensión, determinada empíricamente a ojo, dependerá de la densidad de las connotaciones, que es variable según los momentos del texto: simplemente se pretende que en cada lexia no haya más de tres o cuatro sentidos que enumerar” (S/Z 9).
  5. RAE: estereografía. (De estereo- y -grafía). 1. f. Geom. Método para representar objetos tridimensionales en un plano, por medio de sus proyecciones.
  6. En S/Z Barthes define connotación en un sentido muy cercano a la intertextualidad de Kristeva: “una determinación, una relación, una anáfora, un rasgo que tiene el poder de referirse a menciones anteriores, ulteriores o exteriores, a otros lugares del texto (o de otro texto)… es una correlación inmanente al texto” (es decir, textual y no subjetiva como las asociación de ideas) (5).
  7. En tanto, en “A propósito de Hechos…” considera diez, dentro de los cuales se repiten el accional, el simbólico, el cultural (histórico y topográfico) y el sémico, y aparecen como nuevos, el onomástico, retórico, fático, cronológico, anagógico y metalingüístico. Barthes no es del todo claro al determinar los códigos, lo que permite distintas interpretaciones. Así, en elManual de teoría literaria de Castro y Posada citado en la bibliografía se señala que son cinco: hermenéutico, de las acciones, simbólico, de la comunicación y cultural. Dentro de este último se distingue los subcódigos científico, retórico, cronológico y sociohistórico. Como se ve, se deja fuera el onomástico y el topográfico, a los cuales Barthes menciona específicamente y también el sémico. En tanto, el fático y el retórico, aunque no se señalan, pienso que están considerados dentro del de comunicación. La principal ausencia del manual es la del sémico. Mi hipótesis es que se lo asimila al cultural, lo cual me parece un error, pues mientras éste se refiere a contenidos, por ejemplo el conocimiento que se tiene sobre la morfología de la célula, el sémico tiene que ver con estructuras de pensamiento que se expresan en los modos de representación, en el sentido en que Lakoff conceptualiza la metáfora. En esta línea, cuando más adelante en el análisis digo que aparece el código sémico biológico, me refiero a una determinada lógica del organismo o del organicismo, que, por ejemplo, extrapola la noción de célula al resto del cuerpo e incluso a la sociedad entendida como un cuerpo formado por células, como cuando se dice que hay que extirpar el cáncer marxista, y no al contenido del saber disciplinario.
  8. Esta es la lógica del modelo: “El análisis . . . será diferente para cada texto, puesto que en cada uno hay un proceso de significaciones en marcha que varía según la materia narrativa de cada obra” (Manual… 152).
  9. “Campo léxico: conjunto estructurado de relaciones dadas entre todos aquellos términos que se refieren a una misma porción de la realidad, por ejemplo el vocabulario de una disciplina científica como las ciencias naturales”; “Campo semántico: corpus léxico constituido sobre una red de relaciones semánticas que se organiza en torno a un concepto/base que es común a todos loslexemas, debido a que abarca el conjunto de los semas nucleares” (Beristáin). 
  10. La noción de metáfora de George Lakoff y Mark Johnson también me permite explicar a qué me refiero con esto. Según estos autores el sistema conceptual es metafórico, siendo las metáforas el “entender y experimentar un tipo de cosa en términos de otra” (41). Esto ocurre, por ejemplo, cuando en nuestra cultura nos referimos al discutir en términos bélicos (“atacar los puntos débiles”, “dar en el blanco”, etc.) y no, como podríamos intentar imaginar, como si fuera una danza armónica cuyo fin es estético. De acuerdo a Lakoff y Johnson, las metáforas son sistemáticas, se dan en sistemas coherentes, lo que quiere decir que, a modo de muestra, cuando conceptualizamos el tiempo como algo valioso –“el tiempo es oro”– proliferan las palabras relacionadas con el intercambio económico como “perder el tiempo”, “tener tiempo”, “calcular el tiempo”, etc. Son también históricas, en el sentido de que esta manera de pensar el tiempo se ha desarrollado junto con las sociedades industriales modernas, donde el trabajo se retribuye según el tiempo invertido. Son, además, muchas veces inconscientes, a lo que hay que sumar que, al representar de un modo determinado una experiencia, quedan ocultos otros aspectos de ella. De ahí la importancia del develamiento de estas metáforas, que nos permite tomar conciencia de la forma en que estructuramos el mundo y de lo que se pierde con ello, lo que permite recuperar otras dimensiones de la experiencia. Néstor García Canclini complementa esta idea dándole la orientación que le otorgo en mi investigación relativa al imaginario social, al decir que las metáforas (y las narrativas) son “Formas de organización de lo imaginario” (62).
  11. Esta noción es la contrapartida del cuerpo sin órganos de Deleuze y Guattari: “el CsO . . . se opone al organismo, a la organización orgánica de los órganos” (Mil mesetas 163); “El organismo ya es eso: el juicio de Dios del que se aprovechan los médicos y del que obtienen su poder. El organismo no es en modo alguno el cuerpo, el CsO, sino un estrato en el CsO, es decir, un fenómeno de acumulación, de coagulación, de sedimentación que le impone formas, funciones, uniones, organizaciones dominantes y jerarquizadas, transcendencias organizadas para extraer de él un trabajo útil” (164).
  12. Para hacer estas distinciones me baso muy libremente en Hayden White, quien explica así la lógica organicista, en referencia a la historiografía: “El organicista intenta describir los particulares discernidos en el campo histórico como componentes de procesos sintéticos. En el corazón de la estrategia organicista hay un compromiso metafísico con el paradigma de la relaciónmicrocrosmo-macrocosmo, y el historiador organicista tenderá a ser gobernado por el deseo de ver las entidades individuales como componentes de procesos que se resumen en totalidades que son mayores que, o cualitativamente diferentes de, la suma de sus partes” (26). Estos historiadores “tienden a estructurar sus narrativas de manera que representa la consolidación o cristalización, a partir de un conjunto de hechos aparentemente dispersos, de alguna entidad integrada” (26). White considera la orientación mística como parte del organicismo, en la medida en que éste se refiere a principios o ideas que son vistos como imagen o prefiguración del fin al que tiende el proceso en su conjunto” (26). Sin embargo, yo prefiero separarla en tanto su campo léxico puede ser muy diverso del del organicista. Por otra parte, White considera que el mecanicismo, también integrativo pero causalista y en comparación, reduccionista, se caracteriza por la búsqueda de leyes. La definición de la RAE me ayuda a aclarar lo que entiendo por mecanicismo: “1.m. Sistema biológico y médico que pretende explicar los fenómenos vitales por las leyes de la mecánica de los cuerpos inorgánicos. 2. m. Fil. Doctrina según la cual toda realidad natural tiene una estructura semejante a la de una máquina y puede explicarse mecánicamente”. En un artículo sobre imaginario y construcción de identidades, Magda Sepúlveda ejemplifica las “metáforas ontológicas”, empleadas para designar entidades abstractas, con la representación de la mente mediante figuras que apelan a la máquina, por ejemplo cuando se dice que falta un tornillo o se habla de perder el control. Según lo que planteo en esta ponencia, ésta sería una metáfora mecanicista.
  13. Las unidades de sentido (connotaciones), desgranadas por separado en cada lexia no serán reagrupadas, provistas de un meta-sentido, tratando de darles una construcción final” (S/Z 10).
  14. Si consideramos a la Tierra como un panóptico a escala planetaria, el narrador o más bien los narradores de este epígrafe serían el equipo directivo del panóptico que la observa desde el espacio de los vigilantes.
  15. Por otra parte está el narrador de los títulos, cuyo lenguaje imita los de relatos del siglo XVII: “De cómo el Invunche, hacedor de hechicerías y adivinanzas, se hace de una llave para hurgar con artilugios en el corazón de la Crasilera…” (ver, por ejemplo, el del capítulo VI de El Quijote “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo” o el del capítulo VIII de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo: “Cómo venimos con otra armada a las tierras nuevas descubiertas. Y por capitán de la armada el valeroso y esforzado Hernando Cortés, que después del tiempo andando fue Marqués del Valle y de las contrariedades que tuvo para estorbarle que no fuese capitán el dicho Hernando”). Pienso que este modo arcaico puede ser interpretado como una marca de milenarismo, debido a que si bien éste se remonta a Zoroastro, que habría vivido antes del año 1000 a. de C. y a las primeras comunidades cristianas, probablemente la asociación más frecuente es con los movimientos de la Edad Media. 
  16. Se trata de un ensayo que se publicará próximamente en Revista Iberoamericana, “Más allá del sujeto fragmentado: Las desventuras de la identidad en Ygdrasil de Jorge Baradit”. Esta conclusión se relaciona principalmente con la consideración del Imbunche como una especie de artista posvanguardista alienado, cuyo modelo sería el australiano Stelarc. Esta identificación fue posible debido a que ciertas performances que realiza el Imbunche son similares a las del australiano. En el mencionado artículo conecto la noción de Benjamin de la pérdida del aura de la obra de arte como efecto de la reproducción mecánica, entendida como la ruptura de una especie de envoltura, de protección, con la desprotección de la humanidad operada por el uso destructor de la técnica, que –dice Benjamin– en lugar de dirigirse al mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, se canaliza en la guerra (“La obra de arte…” 57). Lo que ocurre entonces, según el crítico alemán, es una suerte de alienación suprema producto de la estetización del arte al servicio del fascismo proclamada por artistas como Marinetti: “‘Fiat ars, pereat mundus’ . . . . La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden” (57).
  17. También se traduce en la pregunta de la protagonista, Mariana, acerca de quién es o, más bien, cuál es su lugar en el mundo, la cual se relaciona con la función del mapa cognitivo, en el sentido de Jameson, que, según mi análisis, busca cumplir esta novela, al que me referiré más adelante.
  18. Que acercan a la novela al best seller del tipo de El código da Vinci, siempre aludiendo a relaciones matemáticas misteriosas, a complots de organizaciones secretas que intentan dominar el mundo, a supervillanos que manejan los hilos de todo lo que ocurre desde la oscuridad. Aunque esto requeriría de un análisis en profundidad, que yo no he realizado, pienso que se trata, la mayor parte de las veces, de un tratamiento sublime de determinados conocimientos –por ejemplo de las matemáticas o de la pintura de Leonardo da Vinci en la novela de Dan Brown–, que sirve a modo de decorado y de oscurecimiento, de sublimación, donde lo importante no es entender lo que un marxista llamaría la base material de la política o de las relaciones sociales, sino que difuminarlas. Esto es lo contrario de lo que ocurre en Ygdrasil –una novela que, a pesar de su apariencia inicial tecnoutópica representa las relaciones de producción en el capitalismo tardío con el mayor pesimismo– según creo he mostrado en éste y otros artículos.
  19. Aunque a la inversa, pues el Empalme Rodríguez es una tecnología que permite separar el alma del cuerpo para desviarla a computadores y darles vida.
  20. Ver El superhombre de masas de Eco, donde se plantea que la repetición de lo conocido es uno de los procedimientos principales de la narrativa popular.
  21. RAE: 1. f. Rel. Oración cristiana que se hace invocando a Jesucristo, a la Virgen o a los Santos como mediadores, en una enumeración ordenada. 3. f. coloq. Lista, retahíla, enumeración seguida de muchos nombres, locuciones o frases. 4. f. coloq. Insistencia larga y reiterada. No vengas con esa letanía.
  22. Leyendo esto desde Derrida, es posible relacionarlo con la metafísica de la presencia occidental: “A partir . . . de lo que llamamos centro, y que, como puede estar igualmente dentro que fuera, recibe indiferentemente los nombres de origen o de fin, de arkhé o de telos, las repeticiones, las sustituciones, las transformaciones, las permutaciones quedan siempre cogidas en una historia del sentido –es decir, una historia sin más– cuyo origen siempre puede despertarse, o anticipar su fin, en la forma de la presencia”. Estas ideas están en el artículo “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas”, donde Derrida desarrolla las contradicciones presentes en el concepto de estructura y de centro. Según este autor “toda la historia del concepto de estructura, antes de la ruptura de la que hablábamos, debe pensarse como una serie de sustituciones de centro a centro, unencadenamiento de determinaciones del centro. El centro recibe, sucesivamente y de una manera regulada, formas o nombres diferentes. La historia de la metafísica, como la historia de Occidente, sería la historia de esas metáforas y de esas metonimias. Su forma matriz sería –y se me perdonará aquí que sea tan poco demostrativo y tan elíptico…– la determinación del ser como presencia en todos los sentidos de esa palabra. Se podría mostrar que todos los nombres del fundamento, del principio o del centro han designado siempre lo invariante de una presencia (eidos, arché, telos, energeia, ousía [esencia, existencia, sustancia, sujeto], aletheia, trascendentalidad, consciencia, Dios, hombre, etc.)”.
  23. Siguiendo con la relación con el modelo de comunicación de Shannon y Weaver, que, como se sabe, en sus inicios no contemplaba la retroalimentación, solo la emisión, el epígrafe comparte la unidireccionalidad.
  24. RAE. Sincronizar: Hacer que coincidan en el tiempo dos o más movimientos o fenómenos.
  25. Aunque lo desconozco, debe de existir más de algún trabajo que analice el uso de metáforas biologicistas e higienistas en la informática.
  26. Ver la introducción del libro de Dominique Wolton citado en la bibliografía, quien plantea que existe un sentido ideal de la comunicación en Occidente, que se relaciona con intercambiar, compartir y comprenderse, el cual suele no cumplirse en la comunicación tecnológica y funcional, las que, no obstante, apelan a él como fundamento.
  27. También aparece más adelante en la novela: “producir un anima mundi artificial, una mente planetaria que le agregue a la Tierra conciencia de sí misma”, lo que significa “el despertar del Hombre Verdadero”, “la unión de todos los seres humanos en una red consciente y el advenimiento del Mesías, un metahombre hecho de todos los hombres” (206).
  28. Ver Popkin en Bull 133.
  29. White explica el posible vínculo entre mesianismo y totalitarismo, cuando se refiere al apocalipsismo de las sectas religiosas, al que califica de reaccionario y fascista, debido a que “no consideran necesario establecer la autoridad de sus posiciones sobre bases racionalistas o científicas” (33), ni se sienten obligadas a contrastarse con los datos ni a controlarse con criterios lógicos de coherencia y consistencia.
  30. Esto complementa las conclusiones del mencionado trabajo que se publicará próximamente en Revista Iberoamericana, donde afirmo el carácter frankfurtiano de la novela, a pesar de su apariencia posmoderna. Ahora digo que su mensaje frankfurtiano se revela con el análisis de los códigos.
  31. En el ensayo que acabo de mencionar profundizo en esto último.
  32. Cada uno de los tres epígrafes tiene una indicación de referencia bibliográfica, donde se señala el contexto enunciativo(transmisión pirata como virus informático, frase de un discurso y entrada de enciclopedia) y la fecha (fines del siglo veinte, febrero de 2025 y 1957). Pienso que la apelación al documento es, en primera instancia, un recurso para dotar de realismo a los acontecimientos ficcionales; de realización de la ficción o producción del efecto de lo real, como diría Barthes (si está en una enciclopedia, en el discurso de un ministro o en el mensaje de un virus informático que, además debe ser decodificado, es real). Se trata, en este sentido, de un connotador formal de realismo. Pero si nos centramos en el contenido, es clara e incluso repetitiva la insistencia en que su conocimiento se debe a una acción de sabotaje rebelde (“transmisión pirata”), a una equivocación (“decodificado por error”) o a un acto subversivo (“Frase introducida sorpresivamente en un discurso del ministro…”). En tanto, sobre el tercer epígrafe, se indica que de la enciclopedia que lo incluía se hizo una apresurada reedición, que lo reemplazaba. La información que transmiten los epígrafes es, pues, real pero secreta; si nos hemos enterado de ella es por una actividad subversiva o por un error que no ha sido borrado con la necesaria presteza. Lo anterior remite a la teoría del complot, que, según Jameson, desarrollan las novelas de espionaje y el ciberpunk, esta última modalidad eminentemente posmoderna, que expresa la paranoia de la actual fase de transnacionalización capitalista. Los Perfectos manejan los hilos de la realidad de manera oculta, y solo por algunos pequeños deslices o fisuras –los epígrafes son esos deslices o fisuras (y también, dentro del texto, la información clasificada a que Mariana accede en los sistemas informáticos)– podemos vislumbrar el horror desu plan esclavizador.
  33. En el artículo mencionado de Revista Iberoamericana me refiero a las representaciones rizomáticas del Ygdrasil.