La palabra como Pharmakon

Autora: Alejandra del Río1
Filiación: Alice-Salomon-Fachhochschule, Berlín, Alemania.
Email: aledelrio@yahoo.com

 

RESUMEN
Desde la perspectiva de la poesiaterapia, en este ensayo se comentan dos libros de Gonzalo Millán: Autorretrato de memoria, como un modo de resolver su drama biográfico, y Veneno de escorpión azul, como un modo de enfrentar su enfermedad terminal.
Palabras clave: Gonzalo Millán, poesía y enfermedad, poesiaterapia, autobiografía.

ABSTRACT
From the perspective of Poetry Therapy, this essay discusses two books by Gonzalo Millán: Autorretrato de memoria, as a way to solve his biographical drama, and Veneno de escorpión azul, as a way to confront his terminal illness.
Keywords: Gonzalo Millán, poetry and illness, poetry therapy, autobiography.

“El néctar anisado puede curarte de un resfrío,
pero puede enfermarte de gangrena”
Gonzalo Millán

Poesía sanadora

En los albores de la humanidad la curación de los enfermos se practicaba combinando la palabra poética (oraciones y fórmulas mágicas), la imposición de manos y el uso de hierbas medicinales. Los antiguos griegos adoraban al dios Apolo como el dios de la medicina y de la poesía.

La medicina moderna está redescubriendo la función terapéutica de la poesía al utilizar la poesiaterapia como terapia ancilar en el tratamiento de algunas enfermedades de origen psicosomático, demostrándose además como efectiva en el trabajo de apoyo a enfermos crónicos y sus familiares.

La sicología humanista ha recuperado el valor de la creatividad como recurso que promueve la salud mental. Boris Cyrulnik informa que saber un poema de memoria hizo la diferencia entre esperanza y resignación en los campos de concentración europeos durante la segunda guerra mundial.

Dos aspectos se destacan del uso de la poesía con fines terapéuticos. Por un lado, el efecto catártico, y por otro, el efecto consolador de la poesía. Escribiendo el paciente logra sacar afuera emociones negativas, escribiendo se consuela de sus dolores. Y leyendo se siente menos solo en su enfermedad y hasta puede encontrar nuevos caminos para enfrentar las situaciones críticas. Escribir actúa como fortalecedor del Yo.

Por eso se ha dicho que el escribir (y también el leer) es un recurso con que cuenta la persona en el proceso de la salutogénesis. La salutogénesis es un concepto acuñado por el Dr. Aaron Antonovsky y se refiere a los aspectos que generan salud en oposición a la patogénesis que vienen a ser los aspectos que enferman. Según Antonovsky la enfermedad y la salud no son dos opuestos irreconciliables, sino más bien estados dentro de un proceso en permanente transformación.

Es interesante constatar que en la práctica de la escritura existen los aspectos sanadores pero también los enfermizos.

Un poeta autodestructivo y suicida no es un rara avis. La enfermedad siempre ha sido amiga del poeta, al igual que la muerte. La muerte y el dolor son sus campos de trabajo. La mayoría de los escritores profesionales tienen períodos de bloqueos escriturales en los que tratan cara a cara con las más variadas neurosis. Sin embargo es también a través de la escritura que superan estos bloqueos y se amigan con sus males.

En Chile tenemos un ejemplo fabuloso de lo potente y creativo que puede ser centrar la pulsión de la escritura en el proceso que relaciona salud y enfermedad. Me refiero al ejemplo de Gonzalo Millán y dos de sus libros publicados por la Universidad Diego Portales Autorretrato de memoria (2005) y Veneno de escorpión azul (2007). Ambos libros expresan en forma patente la tensión entre proceso de escritura y experiencia vital. En estos libros no se sacrifica a la poesía para hacer uso de ella, al contrario, la medicina es la poesía, no su sucedáneo.

El Pharmakon

Una serie de valiosas entrevistas dadas por Gonzalo Millán en los últimos años aclaran su punto de vista sobre la poesía y su función terapéutica2.

A él le parecía importante rescatar la función terapéutica y mágica de la poesía pues es lo único que le da un sentido a escribir. Como facilitador de talleres de escritura autobiográfica durante 10 años, Millán supo aprovechar el potencial sanador de la escritura. Sus alumnos se beneficiaron al tener la posibilidad de verbalizar y comunicar su dolor, hacerlo objetivo, conjurarlo.

Por otra parte, Millán también reconoce que desconfía de la palabra. La palabra tendría un carácter parasitario y tergiversador. Su teoría viral de la poesía no deja de ser interesante. Es imprescindible que la poesía mute permanentemente de contenido y forma, como el virus. Que se transforme. Convivimos con ella en paz pero puede atacarnos. La palabra poética es un arma de doble filo. Es un pharmakon.

Me emocioné mucho al dar con este concepto suyo en una entrevista. Su sencillez reemplaza cientos de páginas de teoría. La poesía es un veneno cuya sobredosis mata pero administrada en su dosis adecuada es una vacuna. El secreto está en saber administrarla.

Los poetas suelen encubrir el trabajo que llevan a cabo consigo mismos cuando escriben. El calificativo de “biográfico” o de “autoayuda” pareciera restar mérito literario a un texto. Sin embargo, una buena parte de la literatura se basa en las tensiones existentes entre vida y escritura.

Ya lo expresó de mejor manera Sigmund Freud en su famoso ensayo “El poeta y la fantasía“. Allí dice que lo único que diferencia al poeta de otra persona es que el primero expresa abiertamente sus fantasías y lo hace de manera tan hábil –he allí su secreto– que nosotros –los lectores– no podemos sino sentirnos atraídos por el derroche de instinto que en el texto poético se despliega. El secreto del poeta, dice Freud, parece estar en su capacidad para enmascarar el carácter egoísta de su fantasear con una recompensa estética que nos permite vivir nuestras propias fantasías sin culpa. El poeta como fingidor, diría Pessoa.

La diferencia, un gran paso en dirección a la salud, la estableció Millán que no se enmascaró sino que a conciencia decidió usar el aspecto sanador del pharmakon. Su libro Autorretrato de memoria es por confesión propia un libro sanador del gran drama de su vida; el suicidio de su madre siendo él todavía un niño. Veneno de escorpión azul es un diario donde el autor trabaja su enfermedad terminal.

Autorretrato de memoria

La sanación en este libro se produce al menos en dos aspectos. Por un lado se transforma la imagen destructora de lo femenino y por otro lado se reconoce la propia identidad en el contexto de su biografía.

El uso del autorretrato como forma predominante de su libro no es sólo un guiño a su pasión por la pintura. Con esa forma expresa la complejidad de la identidad humana. Millán no creía que la literatura debiera servir para crear una identidad sino para dispersarla. Las diversas personalidades que se asumen a lo largo del día son la galería de autorretratos de las múltiples personas que se han sido a lo largo del día de la biografía.

Gracias a una objetividad admirable Millán pinta con palabras las circunstancias de su infancia. Esta objetividad la obtiene gracias a la mirada que echa sobre los objetos, acontecimientos y situaciones. Por su propia definición, su poesía busca un desplazamiento de la voz hacia la mirada poética. Este observarse a sí mismo es básico en el trabajo de recuperar la memoria. Recordar es despertar, dijo Millán. La mirada ve y la palabra transmite lo que se hallaba oculto. Las emociones, las heridas. La sanación emocional será posible gracias al autoanálisis que el poeta hace y que tiene por objetivo la construcción de una verdad biográfica propia, siempre subjetiva pero que anhela cierto grado de objetividad. Esto lo logra el poeta en cuanto se desdobla y tiene a sí mismo como objeto de su mirada. Sus autorretratos lo sitúan como el otro y el mismo en el continuum de su historia. Alguien que es producto de su biografía y a la vez observador de ella.

El (auto)retrato es un método de la poesiaterapia. La descripción de una persona, de detalles de su rostro, remite a una etapa preverbal en la que la comunicación se producía a través del rostro de la madre. Fue ella la primera que nos mostró cómo era el mundo. El uso del autorretrato poético fue una de sus estrategias sanadoras para darle credibilidad a una palabra con la que él siempre estuvo en conflicto por su carácter tergiversador de la realidad. Es un intento de recuperar un tiempo total, en el que la comunicación con el otro era posible. Ya sea por compensación o porque lo similar cura lo similar3, la elección de dicha forma lírica no es fortuita y persigue la sanación a través del pharmakon poético.

En ese sentido entiendo su poema, el autorretrato “Con anteojos ahumados”4como una apuesta a mostrar en el texto el proceso de la escritura ligado al autoanálisis, al redescubrimiento de los aspectos oscuros de la conciencia. Pero con anteojos ahumados, es decir, autoterapia que mantiene el secreto de la poesía. El plus estético. La transformación del dolor. La antigua alquimia que se lleva a cabo en la poesía.

Veneno de escorpión azul

Su libro póstumo Veneno de escorpión azul empezó a escribirlo al enterarse de que estaba enfermo de cáncer a los pulmones. No se recuperaría, estaba deshauciado. La noticia, naturalmente explosiva, desencadena reacciones diversas. Dos amigas poetas le suministran el último remedio milagroso contra el cáncer: veneno de escorpión azul cubano. Esperando un milagro se lo aplica todos los días. Al mismo tiempo otro milagro acontece en la escritura de un diario, un diario de vida y de muerte. Cada vez que puede se desdobla y escribe lo que observa de los estragos que ha dejado “la bomba caída en Yucatán”.

El diario de vida es el método usado por la poesiaterapia para la reflexión autobiográfica. Millán lo sabe y aprovecha a cabalidad las posibilidades que este medio ofrece.

Según Kathleen Adams, algunos de los aspectos sanadores que la escritura de un diario de vida promueve son la permanente disponibilidad y la confianza de poder emprender el diálogo consigo mismo en todo momento. La liberación catártica que anticipa el acercamiento a su propia realidad vital. La claridad que se gana con respecto a uno mismo, junto al aprecio de la propia persona tal cual ella es. Todo ello aumenta la capacidad para comunicarse con los demás.

“Ser un moribundo es una situación privilegiada –dirá Millán en una entrevista demostrando voluntad salutogénetica– se tiene la suerte de compartir por un tiempo entre los dos mundos”. Lo que parece un comentario resignado revela enorme vitalidad. No hay tiempo que perder y son tantas las cosas que reunir, tanto lo que se queda en el tintero, tanto que comprender y revisitar. La vida recupera su intensidad perdida. Frente a la inminencia de la muerte la vida cobra su valor real.

En apariencia es demasiado tarde para sanarse. Después de haberse sacado del corazón la espina de su infancia, ser atacado alevosa y cobardemente por el cangrejo es injusto. El observador anota sin máscara alguna todo sentimiento y emoción que experimenta. Se permite sacarlas fuera. La autocompasión, la culpa, la rabia, la frustración, el miedo, el pathos liso y llano. El papel sostiene mucho y es mudo testigo de un cambio que se va produciendo de a poco. Es necesario limpiarse para transformarse. Para transformarse más allá de la cura contra el cáncer.

La metáfora que Millán utiliza para expresar el proceso que está viviendo es el de la lucha del escorpión contra el cangrejo. Sus esperanzas de cura se hayan concentradas en el escorpión azul. El veneno en su dosis adecuada no mata sino que cura. La analogía con la palabra poética es obvia. El quiere documentar poéticamente su proceso de sanación. El ataque del escorpión azul contra el cangrejo que se ha apoderado de sus pulmones. El cangrejo crece parasitariamente y cada día se agiganta su sentencia. La lucha entre el escorpión y el cangrejo es por el dominio de los pulmones, el veneno persigue su liberación.

“No me digan que esto me pasa sólo por fumar” escribe Millán indignado pues ya no está dispuesto a continuar con las mentiras. Podría haber rectificado a tiempo el camino pero no lo hizo, “llamado a grandes voces por el descenlace fatal”, dice. No quiso ver su enfermedad, no pudo. La enfermedad es de hecho una metáfora de su vida que él interpreta transformándola en imágen poética.

Dicen Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke en La enfermedad como camino (libro emblemático de la medicina alternativa), que el cáncer sólo busca ser comprendido. Y lo describen. El cáncer es un crecimiento sin meta. Los pulmones representan la capacidad de comunicación y de contacto. La pelea que pierde el escorpión es por llegar al otro. El gran fracaso es el de la palabra que se agiganta sin sentido, la palabra que no establece vínculos con el otro. Pero está la feroz pelea y el que los observa batallar. Aunque pierda el escorpión, la sola observación del problema ya actúa como impulsor de la sanación.

Una de las ideas de la medicina holística es que el primer paso en el proceso de sanación es observar el problema que generó la enfermedad. Mirarse a sí mismo, reconocer lo que ocurre como ocurrido en uno y –lo más difícil de reconocer– por uno. La medicina holística plantea que la enfermedad es la última instancia a la que recurre el alma para ser sanada. Esta sanación no termina con la muerte. Pero asumir este proceso no es una tarea fácil.

“Toda muerte es una derrota, viejo looser”, escribe Millán. El sentimiento de derrota y de culpabilidad es común entre enfermos terminales. Sobre todo entre enfermos de cáncer. Las características misteriosas y agresivas de esta enfermedad, la dificultad de su tratamiento, la convierten en el demonio No 1 de estos tiempos. Es casi asunto de sentido común hoy en día creer que el cáncer se lo genera la persona con su “pensamiento negativo”. Esta simplificación del pensamiento holístico es peligrosa. Junto al reconocimiento de los aspectos en la sombra del sujeto, un proceso íntimo de perdón y la búsqueda de principios esperanzadores son necesarios para la sanación.

Me maravilla comprobar que Millán no se queda en la culpa y busca caminos para encontrar la paz. Con el apoyo de buenos libros encuentra otros puntos de vista para abordar la enfermedad. En la Biblioterapia5, esta “literatura de pacientes” se usa para apoyar el proceso salutogenético del paciente. En su diario anota casi a diario citas de escritores y filósofos sobre la enfermedad y la muerte. A menudo estas citas y sus comentarios a ellas están llenas de humor. Es una decisión salutogenética usar “las gafas de la tragedia con los lentes de la comedia”.

Entre sus libros de cabecera está el de Susan Sontag, La enfermedad como metáfora. La finalidad de este libro es “calmar la imaginación, no incitarla. No dar significado, propósito tradicional de todo esfuerzo literario, sino privar de significado: aplicar esta vez esa estrategia quijotesca, altamente polémica, ‘contra la interpretación’, al mundo real. Al cuerpo”. Despojada la enfermedad de sus significados culturales, el paciente está libre de culpa y puede reconciliarse consigo mismo.

En su diario de poeta se observa cómo Millán encuentra otras perspectivas para afrontar la incógnita que le espera. Se ve a sí mismo en su pirámide egipcia acompañado de sus amados libros y de sus seres queridos, podrá seguir disfrutando de ellos, será una nueva oportunidad. La escritura del diario se parece a una ceremonia fúnebre egipcia; el muerto es rodeado de lo que le es valioso. No tiene idea de lo que le espera y reacciona confundido. No sabe en qué creer, a qué aferrarse. Es para confundirse, la muerte requiere preparación. Es entonces que se acerca a la concepción tibetana de la muerte. En ella la vida entera es un prepararse para ese momento. La persona puede romper el ciclo muerte/vida o bien puede optar a una nueva oportunidad de vivir. Pienso que la escritura de este diario corresponde a esa preparación tibetana. Es para afrontar la muerte pero también para abrirse a la esperanza de una nueva vida. Una nueva oportunidad vital a la que se accede ya limpio, desprendido.

El punto más significativo del proceso sanador que lleva y expresa Millán en su diario es la reconciliación con la mujer. “Mi partera te nombro, mi partera secreta/ La comadrona de mis últimos y primeros días” escribe refiriéndose a su pareja que con dedicación lo acompaña en su proceso. La mujer ya no es fuente de destrucción como alguna vez lo fue, sino alguien que acompaña y permite la vida. Una experta del cambio. La partera es la figura femenina que facilita la tranformación de la muerte en vida.

En el mayor de los desastres el amor es posible, sí, aún para un duro como lo fue Millán. Cuando el corazón se abre se produce el cambio del que a menudo habla en su diario. Es posible la comunicación. Es entonces cuando el veneno del escorpión azul surte efecto y gana la batalla contra el cangrejo. La poesía sana el cáncer. Vence al sinsentido, la incomunicación, la imposibilidad de llegar al otro.

En el cuerpo físico tal vez ya no. Tal vez no en el texto desde su punto de vista literario. Pero sí en la energía que genera esa palabra. En la generosidad de permitirnos a los lectores ser testigos de un proceso vital radical. Es el regalo que nos deja Millán en este libro, que es el amor el que permite la vida. Que el corazón es el único órgano inmune al cáncer.

Bibliografía:

Adams, Kathleen. The way of Journal. Lutherville, MD: Sidran Press, 1998.
Antonovsky, Aaron.Health, Stress, and Coping. New Perspectives on Mental and Physical Well-being. San Francisco: Jossey-Bass, 1979.
Cyrulnik, Boris. Die Kraft, die im Unglück liegt. München: Goldmann, 2001.
Dethlefsen, Thorwald y Rüdiger Dahlke. La enfermedad como camino. Esplugues de Llobregat: Plaza & Janés, 1991.
Millán, Gonzalo. Autorretrato de memoria. Edición de Alejandro Zambra. Santiago: Universidad Diego Portales, 2005.
—. Veneno de escorpión azul. Edición de María Inés Zaldívar y Andrés Braithwaite. Santiago: Universidad Diego Portales, 2007.
Sontag, Susan. La enfermedad y sus metáforas. Traducción de Mario Muchnik. Madrid: Taurus, 1996.

  1. Alejandra del Río es poeta, y se ha dedicado también a la realización de videos, instalaciones plásticas y dramáticas. Estudió Literatura en la Universidad de Chile, y actualmente reside en Berlín, donde ha estudiado un Master en Literatura Creativa y Escritura (auto) Biográfica en la Escuela Alice-Salomon-Fachhochschule, y se desempeña haciendo poesiaterapia. 
  2. Las entrevistas que reúne el sitio web www.letras.s5.com son: “La palabra es para mí un ‘pharmacon’”, por Juan Carlos Ramiro Quiroga, septiembre de 2003; “La poesía tiene que mutar”, por Marcelo Montecinos y Jaime Pinos, en La Calabaza del Diablo, Nº24, año 5, mayo de 2003; “Recordar es despertar”, por Pedro Pablo Guerrero, en Revista de Libros de El Mercurio, viernes 24 de junio de 2005; “Hay que salvar el pellejo como sea. Gonzalo Millán habla codo a codo con la muerte”, por Javier García, en La Nación Domingo, 27 de agosto de 2006; “Gonzalo Millán: la persistencia de la memoria”, por Juan Andrés Piña, en La Tercera Cultura, sábado 21 de octubre de 2006; “La mirada lúcida de Millán”, por Pedro Pablo Guerrero, en Revista de Libros de El Mercurio, domingo 22 de octubre de 2006; “Estoy sacando la voz de nuevo”, por Carola Vesely A., en Grifo nº 1, julio-agosto de 2003
  3. El principio ISO que se usa en homeopatía, en poesiaterapia y en musicoterapia se refiere a que lo similar se cura con lo similar. ISO en griego significa “igual”
  4. “CON ANTEOJOS AHUMADOS// Disimula una lucidez dudosa/ Bajo los lentes ahumados./ Es perito en el asco y la fatiga./ Despierta de un largo sueño/ donde rara vez fue dios./ Y ahora cuenta sus recuerdos,/ Las limosnas de la memoria/ Como un avaricioso mendigo” (15). 
  5. Algunos dicen que la biblioterapia es una rama de la poesiaterapia, otros dicen que es una práctica independiente del escribir. Una de las visiones más hermosas de Millán es la de un poeta-farmacéutico que receta poemas. Efectivamente ese farmacéutio existió. Emil Coué (1875-1926), el llamado “padre de la sugestión”, cada vez que le vendía un remedio a alguien le decía un par de versos que fortalecerían el efecto del medicamento. Como sus recetas poéticas tuvieron éxito la gente empezó a creer que él tenía poderes. Pero él decía claramente: “yo no tengo poder sanador, sólo usted lo tiene”.