La literatura colombiana desde una analítica ontológica

Colombian literature from an ontological analytic1

Nombre: Jimmy Ortiz Palacios2

Filiación institucional: Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colombia
Dirección electrónica: jortizp@correo.udistrital.edu.co

 

Resumen
En este texto me propongo analizar un breve corpus de literatura colombiana conformado por Raúl Gómez Jattin, Manuel Zapata Olivella, José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y Porfirio Barba-Jacob. He decidido apostar por la cartografía de una pequeña parte de la literatura de estos cinco escritores porque en sus poemas, cuentos, relatos y novelas encuentro una potencia particular: allí pareciera ser que es la materialidad misma del lenguaje la que da vida y hace existir los mundos que configuran cada uno de los relatos estudiados. Por lo tanto, en este artículo intento “mapear” el funcionamiento de la literatura en tanto ser mismo del lenguaje que es posible cartografiar y explorar desde rutas otras de estudio.

Palabras Clave: Literatura colombiana, ser-lenguaje, formas de ser, rizoma, devenir.

 

Abstract
In this paper I propose to analyze a brief body of Colombian literature formed by Raúl Gómez Jattin, Manuel Zapata Olivella, José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio and Porfirio Barba-Jacob. In the exploration of some of these writers’ works I found that it is the very materiality of language that gives life and creates the worlds recreated by each of the stories studied. Therefore, this article attempts to “map” the operation of literature, understood as a language that can be explored from different points of view.

Key Words: Colombian literature, language-being, forms of being, rhizome, becoming.

 

Puerto de partida: viaje “entre”3 investigaciones por trazar

Hay páginas enteras llenas de colores, de sólo colores, sin texto de ninguna clase, sólo colores que se explican por sí mismos.
Álvaro Cepeda Samudio, Un cuento para Saroyan

Una buena manera de leer, hoy en día, sería tratar un libro de la misma manera que se escucha un disco, que se ve una película o un programa de televisión, de la misma manera que se acoge una canción: cualquier tratamiento del libro que reclame para él un respeto, una atención especial, corresponde a otra época y condena definitivamente al libro. Las cuestiones de dificultad o de comprensión no existen.
Gilles Deleuze, Diálogos

A la literatura no hay que arrancarle lo que “quiere” decir, porque la literatura no es algo ya constituido, sólo es, es ser-siendo: siendo-ahí. Lo que está en creación está habitando la materialidad del lenguaje, lo está “actualizando”.4 Por eso creo que uno de los problemas a estudiar en la literatura es cómo funcionan los signos, el lenguaje, las intensidades. Qué podemos experimentar y descubrir cuando abrimos una “máquina de literatura.”5 Experimentar cómo en una sola página se distribuyen acontecimientos, signos, imágenes, afecciones, percepciones. ¿Cuáles son los regímenes de signos de tal o cual libro? ¿Cuál es su ritmo? ¿Cómo en el libro las palabras, colores, sonidos se materializan, afirman su existencia?

Pero si esto es así, ¿dónde queda la realidad social? Está bien, aceptemos que la literatura está relacionada con la realidad social. Sin embargo, se trata de crear realidades sociales otras, de hacerlas existir y ponerlas a funcionar en una nueva “máquina” que ya no es “realidad social”, sino “literatura”. Una de mis apuestas es que esta realidad social tiene su existencia en sí misma, en esta máquina de literatura, y es allí donde en tanto ser-siendo literatura, funciona y crea efectos –pero también afectos.

Mi objetivo es pensar unas formas posibles de proceder operativamente en una lectura como experimentación de la cual sólo se sabrá qué intensidades emergerán en el momento mismo de la lectura, a medida que se vaya trazando el “mapa”6 de los libros a “profanar”. Dicho esto, voy a considerar la literatura como una máquina asignificante que presenta algunos problemas: ¿funciona esta máquina?, ¿cómo funciona?, ¿con qué elementos funciona?, ¿con qué otras máquinas conecta?, ¿cómo entrar en la máquina de literatura?, ¿cuántas entradas encontramos?, ¿con qué hacen conexión las otras entradas?, ¿qué follajes hay que franquear para ver las conexiones posibles en la máquina de literatura?, ¿cuál es el “mapa” que traza un determinado libro y cómo se vería modificado al entrar desde otras coordenadas?

La literatura como experimentación

Recordemos, para empezar este viaje que desea cartografiar unos espacios determinados de literatura colombiana, algunas de las preguntas que nos hicimos arriba: ¿cómo funciona la máquina de literatura?, ¿con qué elementos funciona esta máquina?, ¿cómo entrar en el poema, el cuento, la novela? Demos inicio a esta travesía.

Es Raúl Gómez Jattin todos sus amigos
Y es Raúl Gómez Jattin ninguno cuando pasa
Cuando pasa todos son todos
Nadie soy yo Nadie soy yo
Por qué querrá esa gente mi persona
si Raúl no es nadie Pienso yo
Si es mi vida una reunión de ellos
que pasan por su centro y se llevan mi dolor
Será porque los amo
Porque está repartido en ellos mi corazón
Así vive en ellos Raúl Gómez
Llorando riendo y en veces sonriendo
Siendo ellos y siendo a veces también yo. (Gómez Jattin, Ellos y mi ser 40)

Entre más parece corresponderse lo escrito con quien escribe, más se alejan entre sí. Ahora el ser-lenguaje reclama su espacio, crea mundos por “devenir-”. En el poema las palabras hablan, marcan su ritmo: “Yo” o “Raúl Gómez Jattin” son lenguaje, forman parte del espacio literario7 “Ellos y mi ser anónimo”. Y en este espacio no sería posible afirmar que quien escribe relatando un acontecimiento de su vida está presente en el relato, dado que ese relato es impersonal, es lenguaje transfigurando el “mundo real” y haciéndolo ser de un nuevo modo; es lenguaje creando mundos por trazar. En las palabras no están las cosas. No es –y no hay– relación entre las palabras y las cosas porque éstas, las palabras, no están nombrando cosas sino creando en el lenguaje mismo. Las palabras ya no van a designar a alguien, son, y siendo se dicen y “se hacen”.

Por más que el poema diga “Yo”, ya no es Raúl Gómez Jattin nacido en Cartagena, ni Raúl Gómez Jattin escritor el que está siendo en el poema. Es el “yo” poético que transformado en personaje dentro del poema, escribe el mismo. Todo lo que ahora es versificado es real en el poema y es en éste donde se materializa. Es así como el lenguaje es el ser; ser-lenguaje. El lenguaje en tanto formas de ser, siendo en el poema, poema de lenguaje. El espacio del lenguaje será el espacio de la creación en literatura. La máquina de literatura se aproxima más a su espacio, puesto que la “máquina” es tan potente que no importa si se saben las circunstancias de su creación, es ella misma la que se está acercando a sí misma.

Emerge de manera potente un agenciamiento colectivo. ¿Qué es esto? Que Gómez Jattin, las formas de ser en el poema, es todos sus amigos. Cuando él habla, no habla un individuo sino una potencia colectiva que atraviesa la creación misma del poema. Pero, del mismo modo, esto no refiere a una cierta cantidad de personas, no se trata de lo múltiple. Se crea el poema en tanto modos intensos de ser. Cuando Gómez Jattin “pasa”, “hace” conexión con sus amigos, deviniendo imperceptible. Se pierde el rostro que individualiza y emergen formas impersonales de ser. Raúl no es “Yo”, es “Ellos”, por eso no hay “persona” a quien querer; Raúl no es un individuo sino una colectividad que siempre está haciendo conexión, pero también es una forma que crea afectos, que se hace sensible ante el encuentro. Raúl Gómez Jattin es una forma de ser impersonal que es capaz de amar, de “hacer ser” la potencia de los afectos. Por eso vive en “ellos”, porque la forma-amor afecta las alianzas que se crean, componiéndolas siempre junto con intensidades diferentes, potentes y sensibles. El ser-afecto-sensibilidad de Raúl está siempre conectando, desconectando, trazando territorios otros en esa “máquina” de afectos que produce la alianza entre “Yo” y “Ellos”.

Continuemos con los trazos que se actualizan en esta literatura colombiana.

Ahora no sé por qué me he sentado aquí sobre este sardinel, en la noche, cuando iba camino de mi casa. Parece que no pudiera andar un paso más, y eso no puede ser; porque mis piernas, bien flacas las pobres, nunca se han cansado de caminar. Esto tengo que averiguarlo Una cosa rara, que me haya sentado aquí, cuando yo sigo siempre en viaje liso. Y acabo de fijarme que sólo he traído tres periódicos en vez de los cuatro que debe ser. Nada de esto me había sucedido nunca. Y viendo eso me quedo aquí sentado en lugar de devolverme a buscar el que me falta […] Qué raro, aquel perro. ¿No habrá por ahí algún muchacho con una piedra en la mano? No. No hay nadie. No hay más que la calle. Pero la calle comienza a desaparecer, me va dejando. Y el sardinel donde estoy sentado se está alzando como una nube y me lleva en la soledad y el silencio. Ahora veo a mi mamá. Está de pie, a la puerta de la cocina, pero no me ha visto. La llamo: ¿ya vas a freír las tajaditas de plátano, mamá? (Fuenmayor, La muerte 67-78)

Tal vez sea posible experimentar el libro como aquel espacio habitado por el ser-lenguaje, donde la ficción es vivida en el lenguaje que crea los mundos de la literatura. El lenguaje logra nuevas formas. ¿Qué pasa cuando se escribe? Por un lado, se crean mundos por trazar que hace existir el lenguaje: afectos, efectos, modos, personajes, sensaciones, se hacen lenguaje. El cuerpo físico deviene cuerpo-lenguaje, ahora es ya algo nuevo que está siendo. El espacio de la literatura “da vida” al muerto –narrador–, pero éste existe en el lenguaje; existe de manera diferente, es narrador-lenguaje. Tratemos de ver esto: cuando vemos escrito “Una cosa rara, que me haya sentado aquí”, experimentamos la existencia de un narrador cuya vida habita el lenguaje; el ser-lenguaje. El mundo-lenguaje de La muerte en la calle es el espacio donde esto ocurre y tiene su existencia. El lenguaje hace existir a este hombre en tanto materialidad. Es el ser, pero como lenguaje: ser-lenguaje que hace vivir en el relato.

Parece posible señalar aquí que el problema es el de la red de relaciones de/en el lenguaje, donde se despliega un espacio que da vida a unas formas de ser impensadas. El ser-lenguaje hace existir los mundos, no dice “la” verdad de éstos. En el relato de Fuenmayor el mundo-lenguaje produce formas. En este plano el tiempo transforma los acontecimientos y él mismo experimentará su “devenir-espacio” en el cual el relato ya no es real ni ficticio, sólo es. Por eso es que al estar siendo, el personaje no muere, porque en tanto está narrando su muerte, está siendo-ahí, no hay “más allá” sino “más acá” del lenguaje. El personaje nos está narrando el instante de su muerte en una acera del camino que lo lleva diariamente a su casa; no es una voz de ultratumba, es una voz en una acera relatando el momento de su muerte, aquel acontecimiento que está teniendo lugar y existencia ahí, en el relato mismo; de cómo está viendo a su mamá mientras asciende en el sardinel. Todo está ocurriendo justo en ese momento, en ese espacio del relato que hace real el encuentro del narrador con su mamá, a quien se le pregunta por las tajaditas de plátano; aquellas que tanto disfruta su hijo. En tanto contingente, la vida no es lineal, por más que el personaje siempre haya hecho el mismo recorrido, esta vez sucedió el acontecimiento de su muerte, muerte que sólo puede ser narrada mientras está siendo; no antes ni después, sino “entre” ese espacio de lo “sido” y el “advenir”; es decir, el espacio de lo que está siendo.

Atravesemos ahora el espacio de Changó, el gran putas:

¡Oídos del Muntu, oíd!
¡Oíd! ¡Oíd! ¡Oíd!
¡Oídos del Muntu, oíd!
(La kora ríe
lloraba la kora,
sus cuerdas hermanas
narrarán un solo canto
la historia de Nagó
el trágico viaje del Muntu
al continente exilio de Changó).
Soy Ngafúa, hijo de Kissi-kama.
Dame, padre, tu voz creadora de imágenes,
Tu voz tantas veces escuchada a la sombra del baobab.
¡Kissi-kama, padre, despierta!
Aquí te invoco esta noche,
Junta a mi voz tus sabias historias.
¡Mi dolor es grande! (Zapata Olivella 6)

El plano de la literatura crea distancia “entre” los pliegues del lenguaje para que éstos puedan existir; es decir, el acontecimiento (relato) debe ser del afuera, y así, es posible la narración. Para poder decir las cosas es necesario haberse distanciado primero de ellas. Pues es ahí, en ese espacio de alejamiento, donde el lenguaje puede hacer existir espacios otros por trazar. Para que el ser-lenguaje pueda llegar al límite donde le es posible dar vida a los mundos-lenguaje, son necesarios unos modos de existencia del lenguaje mismo de las cosas.

Tal vez sea posible experimentar el libro como aquel espacio habitado por la materialidad del lenguaje donde la ficción no es comprendida sino vivida en el lenguaje mismo de Changó. Lenguaje cinético que no puede reducirse a las relaciones sintácticas o gramaticales. Las palabras se están moviendo siempre hacia un espacio por “actualizar” del ser-. Ahora son esas sombras que son los narradores convertidos en personajes del libro, quienes en el relato, “hacen ser” la máquina de literatura y configuran, a su vez, las otras metamorfosis de sí mismos que son los distintos “yoes” cuyas experiencias se cuentan. En Changó nos cuentan sus experiencias Ngafúa, Ruy Rivaldo Loanda, Kanuri “Mai”, Domingo Falupo, entre muchos otros.

De otro lado, el acontecimiento hace posible que los sonidos no se confundan con las cualidades sonoras de los objetos, sino que el sonido sea en sí mismo el objeto; sonido en tanto ser-sonido. En este sentido el lenguaje es posible en tanto el acontecimiento hace que la proposición sea en sí misma sonido. Changó, el gran putas inicia con la siguiente narración de Ngafúa: “la kora ríe, lloraba la kora.” Aquí no es la “representación” del sonido de la kora sino la kora misma, el ser-kora es en sí mismo sonido y no la cualidad que hace que este instrumento suene de una cierta manera. Las palabras y los sonidos son en el libro; por consiguiente, ya no se trata del “como si”, sino del es, de unas formas de ser –siendo– del sonido o de las palabras.

Lo que “hace” la literatura es “capturar” el código de la “realidad social” y agenciarlo con el suyo para trazar y crear un “devenir-literatura” que es algo nuevo. Mundos que existen en sí mismos y en los cuales se configuran nuevas formas. Se escriben las dimensiones “actualizables” o no de un personaje, de un lugar, de un acontecimiento. Hasta aquí parece que estamos frente a las formas de ser de la literatura, formas que existen y se constituyen en sí mismas, en su propio espacio, donde sería posible analizar su existencia y funcionamiento. La escritura es formas de ser lenguaje sobre sí mismo que crea los signos que “hacen ser” los mundos por “devenir-” de la literatura.

Devenir-intenso, devenir-animal: la literatura y sus devenires

Decíamos que el relato es. El problema está en ver cómo ahí mismo –en el relato– existen las cosas, cómo funcionan y se relacionan entre sí en este espacio. Todo sucede en el relato y alrededor de éste; relato cuya única realidad consiste en ser el objeto de un relato. Veamos. “Hoy decidí vestirme de payaso […] Y ahora estoy entre los demás payasos, los payasos de verdad, y yo que sólo estoy vestido de payaso, me confundo entre ellos y nadie podría decir cuál de nosotros es el menos verdadero” (Cepeda Samudio, Hoy decidí 35). Quizás sería posible analizar el “devenir-payaso” del personaje del relato. Tenemos algo que fue, “hoy decidí vestirme de payaso”; y algo que podría ser, pero que no será, “nadie podría decir cuál de nosotros es el menos verdadero”. Tenemos de esta manera al “devenir-payaso” del narrador del relato y el “devenir-narrador” del payaso del relato; formas de ser siendo, deviniendo imperceptible porque está pintando su entorno de payaso. Pero también tenemos a la guitarra verde:

Sobre la cama angosta y desordenada hay una guitarra verde con las cuerdas hacia abajo. Me he sentado en la cama y he pasado los dedos sobre la madera y nuevamente se han coloreado de verde […] La guitarra suena a música encerrada cuando yo la levanto. (Cepeda Samudio 40)

La guitarra pinta su mundo de verde, verdea su entorno; por eso los dedos del personaje se hacen verdes cuando los pasa sobre el cuerpo de la guitarra. La guitarra en tanto ser-música, ser-sonido, ser-ritmo, debe “hacer” multiplicidad con las manos que la sepan tocar, se agencia con éstas para “hacer ser” uno de los ritmos de su música; aquellos que están ahí en su ser-guitarra, en sus formas de ser música de la guitarra. La guitarra, entonces, “deviene” una parte de la mano que la sepa tocar, y a su vez, la mano “deviene” una parte de la guitarra; una parte de la música y sonido de ésta. Hay afectos/efectos, sensibilidades “entre” el flujo intenso de melodía/ritmo guitarra-mano y mano-guitarra. Lo que desean los personajes –el que decidió vestirse de payaso y la mujer a quien pertenece la guitarra verde– es escuchar la música de la guitarra, su música, y no la interpretación musical de alguien. El problema es saber tocar la música de la guitarra; “actualizar” uno de los sonidos, de los ritmos, de la música de la guitarra.
Volvamos una vez más a Gómez Jattin:

La gallina es el animal que lo tiene más caliente
Será porque el gallo no le mete nada Será
porque es muy sexual y tan ambiciosa que le
cabe un huevo Será porque a ella también le gusta
que uno se lo meta Lo malo es que caga el palo
Pero es el momento más bacano y el orgasmo
es de fiebre ¡Loco! Súper sexo para mis seis años
A la paloma no le cabe Pero es lindo excitarla
y hacerse amigo de ella y hacer de ella La
paloma
o sea del palomo el signo sagrado del Amor
Aquel a quien nombro cuando no me duele
en demasía Virgo como un palomo pero penetrable
La pata es imposible La perra no deja
y muerde La cerda sale corriendo La
gata ni pensarlo Chévere la carnera Se
queda quieta La chiva en celo es deliciosa
Se me olvidaba la pava En la alegría sexual
sale a la calle como la perra a putear
De las aves lo más bacano es el pavo
Todos los pavos son maricas Lo aprietan
Claro que la burra es lo máximo del sexo
Femenino pero la mula lo chupa Y la yegua
es de lo mejor… Pero
La cocinera hace todo Se levanta la falda
y lo trepa a uno a su pubis Te pone las manos
en las nalgas y te culea en esa ciénaga insondable
de su torpe lujuria de ancha boca
El que se ha comido un burro joven sabe
que per angostam viam hay más contacto y placer
de entrar con ternura por donde la naturaleza
aparentemente no lo espera Pero que recibe
en un júbilo que no le conozco a la hembra
Todo ese sexo limpio y puro como el amor
entre el mundo y sí mismo Ese culear con
todo lo hermosamente penetrable Ese metérselo
hasta una mata de plátano Lo hace a uno
Gran culeador del universo todo culeado
Recordando a Walt Whitman
Hasta que termina uno por dárselo a otro varón
Por amor Uno que lo tiene más chiquito que el palomo. (Gómez Jattin, “…Donde duerme” 77-78)

Se trata de contagio y creación de alianzas “entre” las dimensiones en las que está escrito el poema. Y cada alianza es creación de algo nuevo, de nuevas relaciones, de intensidades, de sentidos. Es algo que siempre está siendo, pero no siendo “otro poema”, sino siendo poema. Cuerpos, sentidos, pasiones, afectos, sensaciones que actúan unos sobre los otros. De esta manera, las líneas que intensifican los flujos son las letras, las oraciones, las frases que crean y dan vida al mundo llamado libro que es aquel espacio específico donde existen los acontecimientos, donde insisten las formas de ser, siendo “entre”. Con lo que se constituye como el espacio abierto de la creación.

Cuando estos flujos conectan con otros, en esta conexión hay “devenir-”. Hay “devenir-” en tanto fenómeno de doble captura –en gerundio–; deviniendo. El “culeador” y la gallina –la paloma, la pava, la burra, la mula, la cocinera, el varón–“hacen máquina”, y cuando “hacen máquina” son flujos intensos que operan rizomáticamente. Ahora bien, cuando “hacen máquina” y potencian los cruces, las dimensiones de contacto, el “culeador” “deviene” gallina –o paloma, burra, pava, cocinera, etc.– y la gallina “deviene” “culeador”. Hay creación de nuevas alianzas, de nuevas relaciones cuando la gallina “hace máquina” con el “culeador”, pero a su vez, una vez atravesado el caos se vuelve a las formas, pero para ser de otro modo de como se era; formas otras: cuando el “culeador” “deviene” una parte del aparato reproductor de la gallina. En esta relación surge algo nuevo, que no es ni “culeador” ni gallina sino “devenir-culeador de/en la gallina” y “devenir gallina de/en el “culeador”. “Devenir-” es hacer la propia cartografía, crear el propio “mapa” que puede organizar el mismo territorio de modo diferente y volver nuevamente a las formas, pero para ser de modo otro de cómo “se debe” ser.

Hay “devenir-”: siempre está avanzando, conectando, desconectando y reconectando, es cinético. Siempre está siendo; no ha terminado de “devenir-” cuando ya está deviniendo algo más. En el “devenir-” el nombre propio se pierde, ya no hay identidad dado que “devenir-” es estar deviniendo. Por eso el ser no es esencia, no es Ser absoluto y único, sino ser-deviniendo. “Devenir-” que alcanza grados de intensidad que son capaces de afectar algo o de ser ellos mismos afectados. Aquí se debe señalar la importancia del Y, porque no es “soy” esto o aquello; por el contrario, no se termina de decir “soy” cuando ya se es algo nuevo: ahora Y ahora Y ahora. La existencia sólo “se dice” como modos de ser. El modo es la forma, de tal manera que la existencia es dar forma a la existencia; proceso que por definición es permanente (Rios, Diálogos deleuzianos). De ahí que el “devenir-” no es causa ni efecto de nada, el “devenir-gallina” del “culeador” y viceversa no es causa ni efecto del encuentro “entre” dos cuerpos. El “devenir-” es “mapa” de intensidades.

En el poema “…Donde duerme el doble sexo”, estamos ante el “mapa” de la cópula que traza el “culeador”. Son afectos/efectos intensos, experimentación de sensibilidades otras, las que atraviesan el poema, pura intensidad en movimiento. Tenemos la forma reglada de la cópula: un hombre y una mujer –en edad “adulta”– practicando el coito vaginal, o un caballo y un yegua, el perro y la perra, etc. Sin embargo, aquí tenemos todo un conjunto de conexiones con el animal, de experimentar formas otras de cópula. Un niño de seis años sintiendo la calentura de la gallina, o la chupadera de la mula o la estrechez del pavo. Tenemos de nuevo formas otras de crear relaciones “entre” modos de existencia, dirigidos a partir de los afectos/efectos producidos por los animales, por otro hombre. El “culeador” se hace sensible ante las dimensiones “actualizables” del copular; experimenta los órganos sexuales de los animales, pero afectando y siendo afectado por los agenciamientos que se colectivizan “entre” él y los animales.

Formas de ser-lenguaje

Olugbala me muestra la punta de su arpón. Moví la máscara, señalándole la escalera. También ha visto la ancha espalda, el arcabuz, la tapa de la escotilla. Lentamente saca las manos de las argollas y deslizándose en las sombras avanza con su duro diente de acero.
–¡Eléyay!
El fuerte golpe atraviesa con tanta potencia el pecho del contramaestre que la punta del vergalón no alcanzó a humedecerse con su sangre. Rápido, cerró la compuerta y ataja el salto de las Lobas sorprendidas.
-¡Eléyay!
-¡Eléyay!
El grito de guerra recorre las bodegas. Lo repetían abajo en la cala, en la popa, a babor y estribor, en el túnel de proa. Olugbala trabó las cadenas de la compuerta con tantos nudos que se necesitará la potencia de dos mil elefantes para abrirla.
La cacería ha comenzado. (Zapata Olivella87)

En esta novela el pasado está ahí, está siendo ahí, frente a nuestros ojos, y por ende, ya no es pasado, es “actual” en cada lectura, acontece cada vez. En este plano –“máquina de literatura”– el siglo XV es ahí, justo en el momento en que leemos; el pasado es creado en un plano –las páginas de Changó– donde toma vida y existe, donde es. El pasado en este “mapa” rizomático que es Changó, el gran putas, está “actualizándose” ahí. Pasado que co-existe como presente. En Changó nos encontramos situados en el ser mismo del pasado –imagen-tiempo-signo–. El transporte de esclavos hacia América está sucediendo ahí mismo, en el momento de la lectura. De esta manera el lenguaje crea mundos que están siendo y que están por trazar, no los “recrea”. Es la “frase” en sí misma la que tiene su propio “punto de vista” de las cosas que se están creando en el espacio de la literatura. En Changó ya no son los esclavos de las naves portuguesas de Ruy Rivaldo Loanda atacando “como si” fueran animales, sino que son animales, hay “devenir-animal”.

Analicemos por último un poema de Porfirio Barba-Jacob:

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar…
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría…
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar…
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
–¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!–
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! Nos hacen sonreír…
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Más hay también ¡oh Tierra! Un día… un día…un día
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables…
¡Un día en que ya nadie nos puede retener! (Barba-Jacob, Canción 99-100)

En este poema se condensan unas formas de ser-lenguaje. Tenemos cómo cada día es en sí mismo diferencia, abierto; cada día hace existir nuevas formas del ser-lenguaje. Un día puede ser cinético, móvil y rápido –aún sin moverse– donde el viento expresa su ritmo musical, su sonoridad. Pero, también, cada día es contingente, naufragio que arroja a mares inexplorados donde el día está siendo en todas las dimensiones por trazar. Cada nuevo día es creación de nuevas formas, de experiencias visuales, sonoras, afectivas, sensitivas. Otras de las formas de ser día es cuando “se hace” ser fértil los días, días en los que emergen novedades, modos otros de vivir, de sentir, de experimentar; cuando por fin se puede crear un “rincón”, aquel donde se habita y se crean nuevas relaciones, nuevas formas de ser: ser-escritura, ser-visual, ser-percepción, ser-afección, ser-sensación.

Los días siguen y en algunos habita la lujuria, ser-erotizado, y entonces hay navegación por el cuerpo de la amada. Explorando su mont veneris se habita “entre” flujos de intensidad que implosionan los cuerpos, los des-organiza y los “hace ser” en sus formas otras: “devenir-intenso”, “devenir-máquina”, “devenir-eros” que desterritorializa el cuerpo ordenado, organizado, para configurar un cuerpo no reglado donde se intensifican sus conexiones. Éstas adquieren nuevos flujos de velocidad, de sensibilidad y de afectos insospechados. Hasta el día de levar anclas para iniciar un viaje que siempre está siendo, un viaje siempre por “devenir-”, atando las amarras sólo para aprovisionar la nave y continuar explorando en mar abierto. Experimentando las dimensiones por trazar del viaje, de la vida, de la literatura y del ser-lenguaje.

Formas de ser signo

Y bien, he tratado de experimentar algunas “máquinas de literatura” que funcionan de una manera particular para mí. Pero quienes deseen acercarse a estos mismos relatos, tal vez, sean atravesados por otros afectos/efectos. En todo caso, ¿por qué se ha tratado de cartografiar a partir de unos breves apartes? Aquí he deseado sensibilizarme ante unos modos de funcionamiento particulares de una literatura. Ahora bien, ¿qué relaciones puede haber entre los relatos de Cepeda Samudio, Fuenmayor, los poemas de Gómez Jattin, Barba-Jacob y la novela de Zapata Olivella para que los haya experimentado? Me parece que hay ciertas constantes que “hacen” conexión unas con otras.

En los relatos y poemas que se han explorado puede experimentarse un constante flujo de intensidades; por un lado, los modos de despersonalización que se hacen visibles en estos poemas, cuentos y novela. El lenguaje crea espacios donde los rostros individualizados y personales experimentan una impersonalización en los poemas de Raúl Gómez Jattin, o los cuentos de Cepeda Samudio, o los diferentes narradores de Changó, o las formas de ser verso que estallan en los poemas de Barba-Jacob. En Changó tenemos los cantos, el ritmo, la musicalidad de la Kora, al igual que en Canción de la vida profunda de Barba-Jacob. En Hoy decidí vestirme de payaso tenemos la guitarra, o los gorjeos de los diferentes animales en “…Donde descansa el doble sexo”. Hemos visto cómo es el ser-lenguaje en sus formas el que da vida a unos mundos por “devenir-“, los dota de existencia, de sensibilidades, de afectos/efectos, de alianzas. Con todo, señalo de nuevo que esto funciona así para mí, quizá para otro lector no haya resonancias, o se establezcan las relaciones de modos diferentes.

¿A qué signos obedecen los mundos que crea la literatura? Se deben estudiar los signos, pero los signos no como “designaciones” de algo, sino como formas de ser signo que se producen a sí mismos y no remiten más que a lo que son en tanto “sentido” del ser-signo. Por lo tanto, el problema de los signos consistiría, tal vez, en saber cómo funcionan en sí mismos y en relación con otros, qué pliegues-despliegues-repliegues “hacen” y qué se crea a partir de esto. El signo no remite ni a un sujeto ni a un objeto, puesto que él es y en tanto que es siendo, su “sentido” se constituye en el “sentido” mismo de su ser.
Así, los signos crean en tanto que son materialidad, son signos-materialidad. ¿Qué crean?, el color para el pintor, el sonido para el músico y el lenguaje para el escritor. Pero recordemos de nuevo que cuando a lo largo de este texto se ha hablado del ser, éste no es una esencia, un “más allá”, algo inmaterial que está por “descubrir” y “descifrar”, sino que es un ser-sentido habitando un ser “más acá”; unas formas de ser, y esos rasgos lo hacen materialidad. La materialidad no implica necesariamente algo físico. Lo que pasa en los planos de literatura cuando leemos una novela, cuento, poema o cualquier otro libro, en el cual tenemos a unos personajes, lugares, objetos y otros signos, es materialidad sin que sea físico.

Así pues, cada página de un libro puede ser el espacio en el que el ser “entre” la imagen-movimiento es. Este plano es un plano donde pueden o no trazarse nuevas formas. Es aquí donde “todo” puede pasar. El plano, al parecer, es forma de toda necesidad. ¿Necesidad de qué? De nuevas formas: la “necesidad” no tiene –ni encuentra– “zona de comodidad”.

Las imágenes-movimiento tienen intervalos, esto es, un espacio “entre” acciones y reacciones. Un centro de indeterminación –centrado– donde se producen nuevas cosas en el plano –que es “acentrado”. Las imágenes-movimiento “devienen” imágenes-percepción. La reacción no sólo se pliega con la acción, sino que en el intervalo “deviene” acción en sí misma. Con esto, en el intervalo “deja de ser” acción-reacción, para ser acción-acción.

Las imágenes son “entre” muchas más en un plano. Este plano contiene las imágenes como formas otras que pueden o no “hacerse ser”; y en el momento que se efectúa una de las imágenes, ésta reorganiza el plano y “actualiza” una de las potencias que lo constituyen. Este plano no tiene eje vertical, lo que implicaría un lugar privilegiado –un Uno. Recordemos que el plano es “acentrado”, es horizontal; en él todo pasa “entre”. Las imágenes ya están siendo en el plano, son en sí mismas el plano. Aunque en éste también puede haber otros elementos –sólidos–, éstos vienen de “afuera” del plano, dado que en el plano los cruces “mapean”, se constituyen flujos de intensidad que no son moléculas –rígidas e inmutables–, sino “devenires” moleculares.

Pensemos en lo siguiente: existe una mujer –signo-mujer– que entra al café donde estamos, y justo en ese momento se despliegan otros signos –imágenes–; imagen-percepción, imagen-acción, imagen-afección, entre otras. Entonces lo primero que pasa es que percibimos a la mujer, y al percibirla hacemos algo: le hablamos, nos tapamos la cara, o saltamos debajo de la mesa a escondernos; y al mismo tiempo, estamos sintiendo algo, somos afectados por la presencia de la mujer. Así, en tanto centro de indeterminación (intervalo) se actúa sobre el mundo (imagen-acción), se experimenta el mundo (imagen-percepción) y se siente el mundo (imagen-afección). Estamos frente a lo que puede o no llegar a ser la mujer: puede llegar a ser la madre de “nuestros” hijos, la amiga de “toda” la vida, la compañera “ideal”, la “autora” de nuestro propio asesinato. Lo anterior ya está “instalado” en la mujer –en la mujer entrando al café en el que nos encontramos–, lo único que falta es que se organice uno de estos modos; tomar una taza de café e invitarla a la mesa para iniciar una conversación. A partir de aquí hay infinidad de relaciones que pueden o no “actualizarse”, seguirse “actualizando”. Lo que pueda llegar o no a construirse con la mujer está abierto.

En la literatura tenemos al lenguaje, el ser-lenguaje siendo –simultáneamente– en todas las formas por “devenir-”. Por eso, cada vez que se traza una nueva forma hay diferencia, porque tenemos al lenguaje siendo diferencia en cada uno de los modos de ser, de “devenir-”. Siempre siendo diferencia, diferencia en sí misma.

Bibliografía

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Fecha de recepción: 19/05/15
Fecha de aceptación: 15/10/15

 

1 Este es el título original del presente artículo, presentado inicialmente como tercer capítulo del trabajo de grado titulado “Análisis ontológico de la literatura: Aproximaciones al ser-lenguaje en la literatura colombiana”, para optar al título de Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Mis más sinceros e inconmensurables agradecimientos a Ivonne Corral y Camilo Ríos por la disposición y paciencia con la que a lo largo de estos años han escuchado, leído, re-leído, comentado y sugerido las diferentes “chifladuras” que se me han ocurrido.

2 Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Miembro Investigador Asociado y Líder del Semillero de Investigación en Educación, Lenguaje e Interculturalidad (SIELI), Facultad de Ciencias y Educación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Participante en los núcleos de lectura de la Línea de Investigación “Genealogía de las Subjetividades Contemporáneas”.

3 Cuando en el texto se use “entre” será para referirse al cruce en el que los vectores adquieren velocidad. Este “entre” no designa una relación o lugar localizable sino una dirección perpendicular, un movimiento transversal.

4 Al “actualizar” un “virtual”, cambia el sentido de relación de las dimensiones, el vector organiza los mismos elementos de manera diferente. Este movimiento de “actualización”, también lo es de diferenciación; creando siempre algo nuevo –no es algo dado–.

5 La “máquina” será el conjunto de “vecindades” entre flujos heterogéneos e independientes entre sí, donde en este espacio de “vecindad” se desorganizan los organismos para crear nuevas relaciones: nuevas intensidades, nuevos elementos. En ese sentido, “máquina” es la operación, “máquina” es “hacer máquina” –más que la resultante de haber hecho o no el proceso–. Por lo mismo, cuando se hable de “máquina de literatura”, será porque la literatura, en tanto “máquina”, está produciendo, creando siempre. ¿Qué es lo que produce o crea? Lenguaje, signos, vectores, alianzas, ritmos, afectos/efectos, flujos de intensidad. “Hacer máquina” es “hacermáquinacon”, pero “con” es algo que está abierto hasta su efectuación, hasta su “actualización”.

6 El “mapa” es un momento de experimentación de caminos por trazar, de hacer la cartografía de lo que está pasando en el “aquí y ahora”; “mapeando”. Por lo tanto, es creación, es acción; hay que hacer el camino. No hay lógicas sistematizadas, no sabemos para dónde vamos y qué encontraremos, pero sí sabemos qué se va trazando.

7 Aproximándome a una primera hipótesis de lectura, diría que este es un espacio donde la función-autor ya no es necesaria, puesto que el problema ahora es el del lenguaje, aquel que es y “hace-ser”, lenguaje que traza sus mundos. Un espacio donde el lenguaje asignifica porque no hay un “hablo” sino un “se habla”.