G. h. Mata: su letra clandestina e irreverente en la construcción de la vida cotidiana de Cuenca (1920-1950)

Autores: Miguel Novillo y María Teresa Arteaga

G. h. Mata: his clandestine and irreverent writing in the construction of Cuenca’s everyday life (1920-1950)

Autores: Miguel Novillo[i] y María Teresa Arteaga[ii]

Filiación: Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

Mail: miguel.novillo@ucuenca.edu.ec, maria.arteagaa@ucuenca.edu.ec

 

Resumen:

Los vínculos entre historia y literatura son estrechos; en este sentido, la segunda se presenta como discurso qué más allá de ficción, también que describe paisajes, costumbres, prácticas, rituales, entre otros. G. h. Mata fue un escritor, poeta, ensayista y crítico ecuatoriano, testigo de los cambios ocurridos durante el siglo XX en Cuenca-Ecuador. Su producción se caracterizó por poner en tela de juicio las prácticas, las ideologías y las producciones artísticas de quienes eran considerados “grandes”. En su escritura se escucha la voz de denuncia por las minorías tanto étnicas como de género; es decir, campesinos, artesanos, indios y mujeres. En este sentido, el presente artículo reconstruye, a partir de su producción literaria, la vida cotidiana de Cuenca.

Palabras clave: G. h. Mata, vida cotidiana, Cuenca, ficción e historia.

 

Abstract:

The links between history and literature are narrow, so the second is presented as a discourse that goes beyond fiction, also describing landscapes, customs, practices, rituals, among others. G. h. Mata was an Ecuadorian writer, poet, essayist, and critic, witness to the changes which took place in the 20th century in Cuenca, Ecuador. His production was characterized by calling into question the practices, ideologies, and artistic production of those considered “great.” In his writing one can hear the voice of complaint for ethnic as well as gender minorities, in other words, peasants, artisans, indigenous people, and women.  In this sense, the current article reconstructs, from his literary production, daily life in Cuenca.

Keywords:  G. h. Mata, everyday life, Cuenca, fiction and history.

 

Una de las características primordiales de la literatura es proponer, como rasgo específico y funcional, la ficción. Sin embargo, existen obras que van encaminadas a resaltar un momento y un contexto histórico, entremezclando la realidad y la fantasía. Mansilla (136) se refiere a esta característica como la creación de “otra historia de la historia”, y agrega:

uno de los primeros efectos que produce la literatura que textualiza representaciones identitarias es la visibilización, a través del texto literario, de gentes, paisajes, modos de vida, simbolizaciones autóctonas, miserias, sueños, etc. de una determinada comunidad humana en un territorio concreto.

En la propuesta del escritor ecuatoriano G. Humberto Mata –o G. h. Mata, como firmaba el autor– converge esta doble mirada de “ficción literaria” y “realidad histórica”, a través de la cual ha dibujado la cotidianeidad de Cuenca a inicios del siglo XX.

Por lo expuesto, es necesario describir el contexto en que se desarrolló su escritura. Así, la modernidad política, social, cultural y económica del siglo XX en Ecuador empieza en 1922 con el acontecimiento del 15 de noviembre.[iii] A partir de ese momento, se dio una serie de transformaciones y modernizaciones, ya sea en la renovación de infraestructura de las ciudades, en la agricultura y sus productos de exportación, o en incipientes manufacturas que surgirían y darían posterior desarrollo a las industrias. En consecuencia, la fuerza de trabajo laboral entró en conflicto permanente pues “se trata[ba], en lo fundamental, de la entrada en escena del artesanado urbano en curso de proletarización y de los primeros e incipientes núcleos del proletariado propiamente dicho” (Cueva 77).

Por su parte, la estructura social de Cuenca estaba marcada por diversos grupos –terratenientes, indígenas, campesinos, entre otros– que conformaban la ciudad. Su interacción aportó al crecimiento de la ciudad y con ello aparecieron necesidades como luz eléctrica, agua potable, alumbrado, salubridad de las calles, etc. De este modo, por ejemplo, en 1924, se estableció la primera planta de agua potable, que se reemplazaría luego en 1948. Además, se proveyó de una planta eléctrica, instalación de telefonía, adoquinamiento de las calles, por lo cual ya no solo circularían caballos o carretas, sino que se dio paso poco a poco al uso de los automóviles –el primero llegó a Cuenca en 1912– que eran transportados por los guanderos[iv] desde otras localidades; todo ello como parte de la llamada “modernidad”.

Entrado el año 1925, las desigualdades sociales estaban profundamente arraigadas en la comunidad, lo que provocó desazón entre la clase oprimida                       –generalmente artesanos e indígenas agricultores–, que empezó a expresarse en contra de las inequidades, hasta desencadenar un levantamiento de gran magnitud; por su significado y por los precedentes que dejó, a este acontecimiento se lo llamó el “levantamiento de la sal” o “la huelga de la sal”. A partir de este suceso, los trabajadores y los artesanos empezaron a organizarse en gremios y asociaciones, debido a que veían vulnerados sus derechos y, sobre todo, a que sentían la necesidad de formar un órgano directriz que guiara sus actividades[v]. Importantes para el desarrollo local fueron los pobladores asentados en la urbe que desempeñaban labores artesanales, principalmente los sombreros de paja toquilla, constituidos en el principal producto de exportación y, por tanto, dinamizador de la economía hasta 1950.

No obstante, el capital que ingresaba por las toquillas generó desventajas entre los comerciantes y los tejedores, pues los primeros sacaron rédito del sombrero y explotaron a los artesanos, con sueldos ínfimos y malos tratos. En este trabajo eran empleados hombres, mujeres, jóvenes y niños; es decir, familias enteras que dependían de este salario para subsistir. Al decaer esta actividad se dio paso a una crisis que fue aminorada por la explotación del banano[vi], cultivado en las provincias costeras –polos de atracción de mano de obra–. Esta actividad sustentó a la población que quedó desempleada por la pérdida de los sombreros de paja toquilla o también denominados “Panamá Hats”. Ingentes cantidades de personas migraron a Guayaquil, principalmente quienes desarrollaron un lazo social y económico entre provincias de la sierra y la costa ecuatoriana. Con estas experiencias, a nivel nacional se empezaron a crear políticas de planeamiento y reestructuración productiva provincial y regional. Es así que para evitar la despoblación y desplome económico de Cuenca, se crearon el Instituto de Recuperación Económica y el Centro de Reconversión Económica del Azuay, Cañar y Morona Santiago.

  1. h. Mata: el pulso febril de su letra

Aquiles Gonzalo Alfredo Humberto Mata Ordoñez (1904-1988) fue –y sigue siendo– un importante literato e intelectual de Cuenca y Ecuador, quien reflejó su pensamiento y visión de la “realidad” en su extensa creación artística. Se desempeñó y destacó como periodista, poeta, crítico literario, entre otras actividades, que lo llevaron a recibir reconocimientos y menciones honoríficas a nivel nacional e internacional. Sin embargo, su crítica mordaz y manera de ironizar –llegando a la burla y la ofensa, en algunos casos– ciertos acontecimientos sociales le sirvieron como recurso para incitar duras contiendas ideológicas, históricas y literarias.

G. h. Mata además fue un observador de la vida cotidiana en Cuenca durante el siglo XX. Así, por ejemplo, para realizar un estudio acertado de la historia local, es necesario analizar con detenimiento las obras Sanagüín (1942), Sal (1963), Chorro Cañamazo (1968), Juan Cuenca (1978), entre otras, que describen las costumbres, los barrios, las fiestas y la gastronomía de los ciudadanos. De este modo, el autor revalorizó diferentes visiones históricas, siempre con argumentos sólidos, después de largas horas de investigación y estudio; y desmitificó a los poderosos que creían ser intocables. De ahí que a Mata se le atribuya ser uno de los precursores de la literatura indigenista en el Ecuador,[vii] un indigenismo muy singular, muy propio de él, pues muestra a indígenas violentos, vengativos, rencorosos y rebeldes, pues en sus propias palabras:

Indio: Cuando tengas un longo / bautízale con blasfemias, ponle un nombre de fiera / combativa, / dale de comer dinamita con venganzas, / haz que tu hembra le tercie a los nervios / la señal de la cruz de los machetes, / que le enseñe a rezar odios sin derrotas /contra los pálidos fantoches ciudadanos. (Cit. en Muñoz 134)

Sus críticas, a personajes que estaban en auge artístico y cultural, rebasaron el plano histórico y llegaron a incursionar en la burla, la ofensa y la diatriba. Todo esto hizo que “nadara contra corriente” ya que:

Si los ecuatorianos sienten su patriotismo lacerado por su tragedia territorial, ‘mata’ tiene que ‘sancionar’ el Protocolo del Río y predicar el conformismo. Si encumbran a sus más distinguidos ciudadanos, ‘mata’ ha de lanzarse contra sus monumentos. Si nuestros historiadores exaltan a Atahualpa y Rumiñahui, ‘mata’ ha de cantar a los incas peruanos. Si la humanidad toda se inclina reverente ante un Víctor Hugo y un Bolívar, ‘mata’ los moteja y ridiculiza. Sólo falta que camine de cabeza y para atrás. (Vieira 24)

En un medio donde él se encontraba en desventaja, pues los cenáculos sociales que tanto detestaba, estaban acostumbrados a elogiarse entre ellos, como lo afirma Juan Cordero (3):

También ha habido en nuestra ciudad, como en otras, una sociedad de aplausos mutuos: te elogio para que tú me elogies, te admiro para que tú también me admires. Muchos preferimos la posición de Mata que ésta, más cómoda pero que impide la buena crítica y el progreso.

Vieira León (9) menciona que Mata era “Amigo del treinta por ciento de los intelectuales. [Y] Ha guerreado con el setenta por ciento”. En general, muchas de las confrontaciones y polémicas que tuvo el crítico con diferentes personajes, son parte de las anécdotas que colmaron su vida.

El acto más recordado de Mata fue el protagonizado por el entonces rector de la Universidad de Cuenca, Dr. Remigio Crespo Toral, quien mandó a quemar la obra Chorro Cañamazo,[viii] en la plaza de Santo Domingo, debido principalmente a la presión que ejercían los grupos de poder. No obstante, el escritor conservó copias de su texto y pudo publicarlo más adelante. Otra obra suya, Tumulto de Horizontes (1936)[ix], fue incautada e inmediatamente prohibida su circulación en el país puesto que el Dr. Aurelio Bayas calificó a dicho escrito como “revolucionario” y “peligroso” para la estabilidad política. De todas maneras, la obra circuló en ciertos lugares de manera clandestina.

La historia que su hijo recuerda con mayor agrado y regocijo es la que se produjo en Ambato. Aquí G. h. Mata fue a presentar su libro Sobre Montalvo[x] o Desmitificación de un Mixtificador –que criticaba duramente al ensayista y novelista–, pese a conocer que toda la ciudad respetaba y veneraba al escritor. A Mata no le importó y asistió con su texto por lo que los ambateños quisieron escarmentarlo, incluso algunos pedían su muerte. Mata se vistió de chola y saltó por una ventana para poder huir de la turba que exigía su cabeza. Antes de regresar a Cuenca visitó el mausoleo de Juan Montalvo y orinó en él.[xi]

Otros recuerdan a Mata como un defensor de las mujeres, que no toleraba la explotación e injusticia que se cometía contra ellas. Supo que Dolores Veintimilla fue injuriada por Fray Vicente Solano y escribió dos manuscritos que la defendían: Irrisari y Solano (1961) y Dolores Veintimilla Asesinada (1968). Además, revalorizó la figura de Manuela Sáenz, en Manuelita Sáenz: la mujer providencia de Bolívar (1972). Y sobre todo, siempre sintió apego y aprecio hacia los indígenas pues toda su vida tuvo contacto directo con ellos, lo que se puede apreciar en obras como Sumag Allpa (1931), Sanagüín, Llactayuyay (1963).

Para G. Humberto Mata el indio no es un ser vulgar perteneciente a la raza vencida, es un sujeto viril, que siente y comprende y a veces reacciona ferozmente ante la injusticia y la explotación. Mata expone los hechos crueles de la vida del indio y lo rescata con dignidad. Es el escritor ecuatoriano que más ha trabajado en favor de nuevos enfoques sobre un problema tradicional en nuestra Patria. (Pérez)

Cabe indicar que Mata conocía a la perfección la lengua española, su morfología y sintaxis, por ello rompió las reglas y las normas gramaticales para crear nuevos términos y expresiones, singularmente utilizados para el insulto y crítica, llamados por los literatos como “matismos” o “maticismos”. Entre estos están remigiácos, caballizado, guayasaminesca, wayasaminógenes, brutóreo, bruterrágico, culicantano, montalvopático, papaicasas, discurseantemente, cervantófagos, lengocracia, brutácea… Con estos términos desacreditaba a personajes icónicos de las letras y cultura ecuatoriana como Rubén Astudillo, Juan Montalvo, Fray Vicente Solano, Oswaldo Guayasamín, Jorge Icaza, entre otros.

A pesar de la personalidad de G. h. Mata, existieron ciertos letrados y pensadores de otras ciudades del Ecuador –e incluso de diferentes países– que solicitaban sus obras y lo llamaban a participar en diversos concursos. De este modo, el crítico fue considerado uno de los grandes intelectuales de esa época. Manuel Muñoz, sobre esta característica en su escritura, comenta:

El espíritu Santo del Ande descendió sobre g. humberto mata, en forma de lengua de fuego; y, huracanado de Pentecostés, habla una lengua milagrosa, con fonéticas de puma, con morfologías de senos color de tierra cocida, con sintaxis de arados y de chicotes y con ortografía de garras. La lengua que han de entender las gentes del Ande. (Muñoz 140)

El crítico y literato recibió una gran cantidad de reconocimientos. Entre estos destacan la Mención Honor Concurso Internacional de Cuentos (La Habana), Caballero Gran Cruz de la Orden de Cultura Latinista (Argentina), Huésped de Honor de Cochabamba, Palmas de Oro y Diploma de la Academia Internacional Di Pontzen di Letere, Ciencias, Arte[xii] (Nápoles), Delegado Rector de la Universidad de Cultura de las Américas, entre otros.

La vida cotidiana de Cuenca a través de los ojos de G. h. Mata

Si bien la creación literaria de G. h. Mata fue muy extensa y abundante, en casi la totalidad de su obra,persiste una temática que es característica del escritor: la distinción, la diferencia, la inequidad, la opresión, el uso abusivo de poder que existe en la sociedad. Por un lado, están los poderosos, y en el otro, los marginados: campesinos, obreros, artesanos, etc. que siempre viven una encrucijada por vivir dignamente.

En Cuenca del siglo XX las clases sociales estaban plenamente identificadas, ya sea por el poder social, político, económico y cultural. Así, había un grupo de poncho, alpargatas, piel cobriza, denominados indios; un segundo grupo con polleras, sombreros, llamados cholos; y un tercer grupo conformado por los nobles, designados como blancos.[xiii] La clase social, según Mata, compuesta por los indios era la última rueda del coche. Estos fueron marginados, explotados, tratados de la forma más miserable. En pocas palabras, como animales:

Rosas para vos, mientras los indios, allá en tu hacienda, viven como bestias, no conocen lo que es jabón… pero qué digo jabón, ni siquiera tienen tiempo para bañarse, para mojarse la cabeza, porque Uds., los gamonales, los acogotan a exprimirles, a que trabajen sin descanso que más que trabajo que se gana el pan con el sudor de su frente, según la dichosa preceptiva bíblica, resulta trabajo forzado, de galeotes ambulantes! (Mata, Sal 17).

En el otro extremo estaban los autodesignados “grandes” de nuestra localidad, que tenían sus haciendas en las periferias de la urbe, repletas de indios con rol de peones. G. h. Mata indica la actitud de los gamonales frente a la vida que se lleva en el campo y, la vida en la ciudad:

Poncho y poncho, Leonarda… Por Dios! No me apetece usar esta prenda en la ciudad, mujer! Ella está bien para las campiñas morlacas, pero no para la urbe. Cuando me pongo eso me rustico, me vuelvo gañán. En mi hacienda si me gusta el poncho, porque me pone a tono con el ambiente, me llama a la naturaleza promisora y bienfaciente. Ahí cambio de modales y de forma de pensar, me… materializo, eso es! (…) Pero aquí en la ciudad es diferente… Debo ser hombre culto, hombre de gabán, de levita, de cuello parado, de media de seda, que me la cambió cada 8 días, y de lenguaje florido! Nada de ponchos en la ciudad, Narda! Sólo para el campo, para el campo… El campo embrutece; aunque uno lea y se cultive, le vuelve a uno mula, torpe, basto, patán… (Mata, Sal 9).

Un elemento discordante en el equilibrio social fue el papel que jugó la religión, pues la tradición religiosa es un factor decisivo para el desarrollo ideológico y cultural, dado que la conducción política y el poder económico es tomado por los sectores dueños del capital –económico, político, social, cultural de acuerdo a Bourdieu– con el visto bueno de la Iglesia y sus representantes; es decir, la naciente burguesía de los sombreros de paja toquilla. En consecuencia, la influencia que ejerció la Iglesia fue poderosa en la mentalidad de los cuencanos, tanto que incluso en la actualidad se señala que la ciudad se caracteriza por su religiosidad:

Y te hablan de “cielo”, de “Dios” y del “infierno”…/ quitándote todo brío de resurgir en ti mismo. / Te inculcan amor al cura, prestamista de cosas religiosas, / para que a cambio de tu mansedumbre / te ofrezca descanso eterno y un lugar allá arriba…… (Mata, Chorro Cañamazo 18)

Esta excesiva religiosidad y fe llegaron, incluso, al fanatismo que promovía en los cuencanos una moralidad y prácticas apegadas a los dictámenes religiosos católicos a través de los sacerdotes. En este contexto, el rezo y la plegaria eran sustento diario de las almas cuencanas:

Dios! Por no haberte rezado el santo rosario, por eso ocurre todo esto! Ponme bajo tu divina misericordia!; Hay que rezar, rezar bastante a ver si conmovemos al Cielo! / Yo comulgo siempre y sí me ayuda pes Dios! / En ayunitas todos los días de Dios, ni es difícil para nosotros comulgar (Mata, Sal 118 y 121).

Sin embargo, los cuencanos no solo eran creyentes en la palabra de Dios, sino también profesaban gusto y fe hacia lo sobrenatural y empírico. Así, los actos de brujería que ellos realizaban tenían acogida entre los ciudadanos hasta que se demostrara como charlatanería:

Grupos de seis indios, portaban a tres runas casi desnudos. Cetrinos, babeando verde, apaleados, llegaban los “brujos” al centro de la plaza. […] Engañan de lo lindo, nos hacen gastar harta plata y nos dejan fregados, y todavía burlándose de nosotros! Ni curan nada dichos brujos! […] Por dichos curanderos, por brujos… aura llegó la hora! (Mata, Sal 248).

En esta convergencia entre la “racionalidad” y “superstición”, “civilización” y “barbarie”, los nobles ciudadanos de Cuenca emplean modernos artefactos de comunicación como el teléfono automático y el telégrafo, mientras que en sus alrededores, se podía apreciar a los indios comunicarse por medio de la ancestral kipa[xiv], que era entonada por ellos en las diferentes colinas que rodean a la urbe: “Por las noches se escuchaban claros, clarísimos y lúgubres los mugidos de las Kipas que, dando tumbos de avisos, brincaban de loma en loma, de cúspide en altura” (Mata, Sal 195).

En la ciudad pequeña, enclaustrada, apegada a sus principios religiosos, sin mayores distracciones, era común priorizar la conversación y el contacto entre los vecinos. Estos encuentros permitían que se cayera, poco a poco, en el chisme, el rumor, la saña, la mala intención, el embuste y la curiosidad. En consecuencia, toda la ciudad se enteraba de cualquier acontecimiento, por muy sencillo que fuera:

Las vecinas comentaban el incidente, riendo de la burla que habían hecho… Curiosas y estrategas, despidiéronse de la Jacinta, felicitándole de que nada le hubieran robado… de que solo hubiera sido el compadrito dormido… de borrachito… Pasó, lo menos una hora, tiempo en que Casiano juzgó conveniente para mandar a su amante. Todo el vecindario, alerta, vio cómo la niña Blanca, metida en polleras de chola, meneaba su cintura con donaire y cubría íntegra su cara de contrabandista de amor […] Todo Cuenca tiene que saber esto Dios mío! Todo Cuenca, menos mi marido! (Mata, Sal 117)

Las relaciones que la urbe mantenía con otras localidades eran netamente de carácter económico y político, que repercutía en el ámbito social y cultural de los cuencanos. Así, fueron constantes los viajes que se realizaron a Huigra, puesto que en este poblado se encontraba el sistema ferroviario. En ese entonces, Cuenca carecía del servicio del tren y, por lo tanto, para traer los diferentes artefactos tenían necesariamente que ir hacia allá. Este se convirtió en un punto estratégico para la comercialización de productos suntuarios: “Un pianito que estamos yendo a traer de Huigra, para nuestro solaz. Cosas de ella” (Mata, Sal 80). Cabe indicar que los miles de viajes realizados eran de enorme complejidad, dada las condiciones geográficas e inclemencia del tiempo, que hacía pasar malos ratos y decepciones a los viajantes: “Pues… aquí me tienes. Mi viaje a Huigra ha sido el más desastroso experimento! Eso de llevar ganado es tarea de perros, bueno para criminales…” (Mata, Sal 15).

En esta situación se puede claramente mirar cómo la llamada modernidad de la ciudad como beneficio de unos pocos fue lograda con el esfuerzo de aquellos que no tenían la posibilidad de acceder a esos objetos y servicios además de como la mano de obra que los traería:

Pues a lomo de indio! A pura sangre de indio! A puro tuétano de indio! A pura muerte de indio! Los mitayos van a ser el mejor combustible para nuestra luz y bienestar! Jajajá… Hasta este momento, he empleado lo menos 900 runas! (Mata, Sal 95)

Sin duda, en el avance de la ciudad los más perjudicados fueron los indios. Ellos tenían que traer a cargas todos los artefactos llegados en el ferrocarril: “No señor. Es que en este viaje he visto lo que sufre el runa, lo abnegado que es, lo fuerte que es y la pasta virgen que tiene para hacer de él un elemento útil” (Mata, Sal 17).

Otra localidad que tuvo fuertes vínculos con Cuenca fue Portovelo. Aquí, los cuencanos, iban a trabajar en las minas de oro. Muchos se establecieron ahí, pero otros regresaban constantemente, dado que, en estos lugares las condiciones de vida eran sórdidas y primaba la explotación a los mineros: “¿No vieron en Portobelo?/ estamos acoquinados, / por eso es que no pensamos” (Mata, Chorro Cañamazo 90). En el transcurso de los viajes a Zaruma y Portovelo, los cuencanos y algunas gentes del sur ecuatoriano, llegaron a fundar la ciudad de Pasaje (1 de noviembre de 1894), como centro de descanso ante el viaje hacia las minas.

 

 G. h. Mata y su legado

Los estudiosos de su obra consideran a G. h. Mata un escritor multifacético con personalidades diferentes, lo que sirvió, como se vio anteriormente, para que incursionara en diversos estilos literarios: poemas, cuentos, ensayos, biografías[xv], críticas literarias, teatro…, siempre encaminado contra lo clásico y lo establecido. Para ello, por ejemplo, empleaba el quichua,[xvi] lo que hacía que se lo considerara vanguardista para su tiempo.

Parte fundamental para la proyección de la ciudad hacia los nuevos retos del siglo XX fue el empleo de artesanos, obreros e indígenas o “indios” en las diferentes actividades de carácter económico, político y cultural. Fueron ellos los que con su trabajo y denuedo sacaron adelante los proyectos trazados para la ciudad, todo esto plasmado en la obra de G. h. Mata: “Indio, indio y puro indio, maldición! Son los que contribuyen para nuestro progreso local y al engrandecimiento nacional” (Mata, Sal 98).

Por esta denuncia social, muchos contemporáneos de Mata jamás comprendieron el valor de su trabajo literario, dado que únicamente se dejaron llevar de sus acciones irreverentes que incentivaban el discurso irónico, satírico y consecuentemente el reproche de grupos “intelectuales”, que se pensaban dueños de la sapiencia y la verdad. Sin embargo, también fue y es considerado uno de los más importantes intelectuales a pesar de que su estilo es criticado y odiado por muchos debido a su constante mordacidad y vehemencia. Para Rodolfo Pérez Pimentel, por ejemplo, “Mata era todo un carácter, lleno de vitalidad, acostumbrado a viajar por la República dando conferencias, vendiendo sus obras, recitando poemas y haciendo amigos de todas las edades”[xvii].

Lo anecdótico en este autor siempre resulta un argumento central para comprender la dinámica cultural en la que transitó. De esta manera, en una ocasión se realizó el concurso de poesía “Ismael Pérez Pazmiño”, considerado el premio más importante de diario El Universo. El jurado encargado de elegir la mejor obra fue conformado por distintos autores, como César Andrade y Cordero, quien también sostuvo una “pelea” frontal con Mata. Dicho tribunal marginó un texto, que se creyó era del controversial autor debido a que por el estilo y el lenguaje empleado parecía pertenecer a Mata, y como consecuencia se negó el primer premio al texto Boletín y Elegía de las Mitas de César Dávila Andrade,. La vida de G. h. Mata fue marcada por constantes desavenencias, polémicas e incluso intentos de agresión física por parte de “intelectuales” que fueron objeto de su crítica; así, “un día le lanzaron un vehículo en las calles de Cuenca posiblemente con la intención de amedrentarlo, pero no lo consiguieron; por el contrario, consolidó su posición de crítico revisionista, buceador de verdades difíciles de decir y adquirió relieve nacional” (Pérez).

G. h. Murió en 1988, tras padecer arterioesclerosis durante algunos años. Llegó a conformar una de las más grandes bibliotecas que tenía Cuenca, con 6000 volúmenes de producción nacional y 2000 internacional. Además, poseía folletos, papeles sueltos, periódicos, un sinnúmero de recortes de prensa, y una amplia correspondencia con gente de diferentes regiones y países. Dicha biblioteca tenía un orden establecido, dado que se desempeñó como bibliotecario de la Universidad de Cuenca y aplicó sus conocimientos en catalogar la suya. Este baluarte de la literatura universal actualmente se encuentra en el Museo de las Culturas Aborígenes.

Finalmente, casi como una premonición, para su cumpleaños número 79 escribió un cuadernillo con poemas dedicados a su madre y, en especial, una serie de reflexiones sobre su vida, como se puede leer a continuación:

Mis 17 Nietos guíen a Mis 14 Bisnietos / Y Mis Hijos depositen esos mil originales, / de mis inéditas obras, bajo mis pies: a que nadie / se aproveche de ellas robando ideas tal cual hacen, / siempre por siempre, voraces impúdicos sinvergüenzas. (Mata, Cumpleaños 79 3)

 

 

Referencias bibliográficas

 Cordero, Juan. G. Humberto Mata Ordoñez. S.ed. sld. Sfe. Impreso.

Cueva, Agustín. Literatura y Sociedad en el Ecuador. Quito: Centro Gráfico del Ministerio de Educación, 2009. Impreso.

Espinoza, Benigno. Boceto biográfico de G. H. Mata Ordoñez. Letras de Cotopaxi 33. Ecuador, 1976. Impreso.

Mansilla Torres, Sergio. “Literatura e identidad cultural”. Revista de derecho Valdivia. Estudios Filológicos, 41, 2006. Impreso.

Mata, G Humberto. Sal. Cuenca-Ecuador: Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, 1963. Impreso.

_____. 79 Cumpleaños. Cuenca, 1983. Impreso.

_____. Chorro Cañamazo. Quito: Editora Quito, 1968. Impreso.

_____. Juan Cuenca. Cuenca: Biblioteca Cenit, 1978. Impreso.

Muñoz, Manuel. G. humberto Mata. Reloj despertador del indio. Cuenca: Revista del Colegio Nacional Benigno Malo, 1930. Impreso.

Pérez Pimentel, Rodolfo, “G. Humberto Mata Ordoñez”. Diccionario Biográfico del Ecuador. Web. 03 jun. 2010.

Vieria, León. Doce escritores ecuatorianos contemporáneos y una glosa. Guayaquil: Universidad de Guayaquil, 1976. Impreso.

[i] Licenciado en Historia y Maestro en Arqueología por El Colegio de Michoacán. Su línea de investigación se centra en el estudio de las bebidas prehispánicas de América. Actualmente realiza investigaciones arqueológicas en la región sur de Ecuador, donde es director del CERES (Centro Regional de Estudios Socioculturales).

[ii] Licenciada en Historia y Geografía; y, Lengua, Literatura y Lenguajes Audiovisuales. Magíster en Estudios de la Cultura, mención Literatura hispanoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar. Entre sus líneas de investigación están los testamentos, el género epistolar y la historia de las mujeres.

[iii] En esta fecha Ecuador atravesó una profunda crisis económica relacionada con la caída de la producción y exportación del cacao, que era el principal producto que incentivaba y movía la economía del país. Consecuentemente, se produjo una huelga general de varios sectores de la población obrera de Guayaquil, lo que desencadenó la represión estatal y posteriormente el asesinato de cientos de trabajadores. Joaquín Gallegos Lara, en su novela histórica Las Cruces sobre el Agua, relata los acontecimientos acaecidos en esta fecha.

[iv] Wandu es una palabra quichua que significa anda o silla para transportar objetos. Con la influencia del español, esta palabra ha cambiado a “guando”, que son los maderos atados y que van en hombros para transportar algo. Todos los artículos que eran traídos a Cuenca, fueron cargados por indígenas en sus espaldas, atravesando caminos difíciles y peligrosos; así nace la expresión “a lomo de indio”. Los terratenientes consideraban a estos como animales de carga por sus costumbres: “Claro, no ven que el poncho es de lana de oveja, y eso les contagia su calor, su sebo, su peste y su mugre y su mansedumbre a los indios. El poncho les hace volverse animales” (Mata, Sanaguin 137).

[v] Los diferentes grupos de trabajadores que se organizaron en la ciudad fueron: Gremio de Choferes (1926); Asociación de empleados del Azuay (1927); Sociedad Gremial Alfareros del Azuay (1928); Gremio de Sastres del Azuay (1928); Unión Gremial de Pirotécnicos Azuay (1928); Gremio de Matarifes de Cuenca (1928); Unión Gremial de Carpinteros (1929); Unión Gremial de Peluqueros Azuay (1930). Posteriormente se crea la Federación Obrera del Azuay, que agrupa a las organizaciones artesanales. En 1945 se funda la Federación Provincial de Trabajadores del Azuay.

[vi] A partir de 1940, el banano comenzó a cultivarse a gran escala en nuestro país y con el tiempo su exportación se convirtió en la principal fuente generadora de divisas para el estado ecuatoriano. En la década del 50 se dio el boom bananero convirtiéndose el Ecuador en el primer exportador, así reemplazó a los países productores de Centro América y El Caribe que estaban siendo azotados por plagas y huracanes.

[vii] Esta postulación provocará posteriormente un nuevo “enfrentamiento” literario de G. H. Mata con Jorge Icaza a quien culpaba de plagiador con duras críticas y acusaciones por medio de cartas. Jorge Icaza es uno de los representantes de la literatura indigenista del país, sobre todo con su obra Huasipungo (1934).

[viii] Esta obra publicada por Mata denunciaba la explotación y monopolio empresarial que, ciertos grupos, ejercían sobre los tejedores del sombrero de paja toquilla. En este negocio jugaron un papel importante los intermediarios, encargados de regatear el valor de los sombreros y sacar mayor provecho. Estos fueron designados como “cañamazos” o “perros”.

[ix] Tiene versos de contenido patriótico que fueron tildados de “sociales y revolucionarios” en la dictadura de Federico Páez Chiriboga. La edición fue incautada por la policía  aunque los poemas circularon fragmentariamente y en la clandestinidad.

[x] Juan Montalvo es un ensayista y novelista ambateño quien criticó duramente a los presidente Gabriel García Moreno e Ignacio de Veintimilla.

[xi] Este acontecimiento, para su hijo, es considerado como un acto extremadamente intrépido, que caracterizó a su padre toda la vida y en todas las circunstancias.

[xii] Cuando a Mata se le asignó este reconocimiento internacional, se eligió al presidente Velasco Ibarra para que hiciera los honores y entregara los premios correspondientes. Sin embargo, el escritor no aceptó y pidió que fuera entregado por el embajador de Italia. Los organizadores aceptaron su propuesta pero Mata jamás se acercó a retirar dichas condecoraciones.

[xiii] Cabe reiterar que este capítulo versa sobre la Historia de Cuenca desde la perspectiva que tenía G. Humberto Mata, ya que según sus escritos, él vivió tales acontecimientos y son una muestra de la realidad cuencana.

[xiv] La kipa es un instrumento de viento, proveniente de la región litoral. Es una concha bivalva marina utilizada en la región andina, constituyendo un elemento histórico significativo.

[xv] Dentro de los estilos literarios, la biografía es una de las más complicadas pues el escritor tiene que describir en forma escueta los valores, las ideas, el pensamiento y la espiritualidad de las personas, por ende, es un género más cultivado y apasionado, según Benigno A. Espinoza (1976). Además, la bibliografía se encuentra de los géneros de verosimilitud en donde las verdades no son absolutas y están atravesadas por la ficcionalización de la escritura.

[xvi] Los incas en su conquista implementaron el quechua como idioma del Tahuantinsuyo. Sin embargo, este idioma en el actual Ecuador recibe el nombre de quichua en donde se hacen evidentes algunas variaciones fonéticas.

[xvii] Rodolfo Pérez Pimentel (s/f). G. Humberto Mata Ordoñez. Diccionario Biográfico del Ecuador. Recuperado de http://www.diccionariobiograficoecuador.com/