Escribir, marchar y luchar por la educación: Poesía para negar la indiferencia

Autor : Benoît Santini.

 Write, March and Fight for Education: Poesía para negar la indiferencia.

Filiación: Université du Littoral Côte d’Opale, Boulogne-sur-Mer, Francia.

Email: Benoit.Santini@univ-littoral.fr

Resumen

El poemario Poesía para negar la indiferencia (Editorial Hebra, Valparaíso, 2012), en el cual colaboran 29 poetas, se ancla en las contingencias de las marchas de 2011-2012 contra el lucro en la educación en Chile. Lo urbano como lugar de reivindicaciones cobra especial relieve en el libro y se procede a una denuncia virulenta en contra del sistema educativo a través de procedimientos lingüísticos eficaces (juegos sonoros, coloquialismo irreverente), haciendo de la poesía un arma y convirtiéndose el libro en una “acción colectiva” y política.

Palabras clave: Chile, movimiento estudiantil, poesía, Poesía para negar la indiferencia.

Abstract

The poetry book Poesía para negar la indiferencia (Editorial Hebra, Valparaíso, 2012), which includes 29 poets, is anchored to contingencies of chilean students’ protest marches in 2011-2012. In this anthology, urban space is the place of demands and vindications, and the poets fight against the educational system with efficient linguistic tools (sound games, irreverent colloquialisms), and through them, poetry is turned into a weapon and the book is transformed into a collective political action.

Keywords: Chile, Students movement, Political poetry, Poesía para negar la indiferencia.

Algunas palabras liminares.

Chile posee una larga tradición de movimientos y revueltas estudiantiles: así, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), creada en 1906, organiza desde 1907 las primeras marchas entre las cuales destacan las manifestaciones públicas de 1913 en contra de la llegada a Santiago del prelado Monseñor Sibilia (por sus opiniones respecto del conflicto del Caso Tacna y Arica entre Perú y Chile)[1]. Entre 1918-1922, la FECH se acerca a movimientos izquierdistas y anarquistas y los estudiantes de las Universidades, a través de esta Federación, desempeñan también un papel importante a partir de 1920 en las reivindicaciones de los obreros[2]. Los estudiantes luchan contra el Golpe Militar de Carlos Ibáñez del Campo en 1924 y, en los años 1960, piden una modernización y una estructura más democrática de la Universidad, intensificándose la agitación en los años 1967-68. Durante la dictadura de Pinochet, tras la designación de José Luis Federici en 1987 como Rector Delegado, se pone en marcha un grave conflicto entre poder y estudiantes; en ese período, los movimientos estudiantiles desafían la dictadura. En 2006, la FECH apoya las reivindicaciones de los estudiantes secundarios (“No a la LOCE”, Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), antes de ser un actor innegable de las manifestaciones estudiantiles de 2011 y 2012.

Este movimiento estudiantil de gran envergadura protesta contra el sistema educativo y universitario chileno heredado de la dictadura neoliberal de Pinochet[3] y reclama una educación pública y gratuita; dicho movimiento se caracteriza por su longevidad, su combatividad y la solidaridad de los manifestantes, apoyados por una gran parte del mundo intelectual y literario del país. En este marco, en mayo y agosto de 2012, las manifestaciones estudiantiles en Valparaíso van acompañadas por la distribución gratuita de unos 100 ejemplares de una antología de poemas, Poesía para negar la indiferencia, los cuales fueron en parte escritos tras un llamado a publicación de las Ediciones Hebra.

En Chile, existe una tradición de poesía panfletaria, popular y de combate cuyo marco es, en numerosos casos, callejero. Sin querer realizar un estado pormenorizado del tema, que rebasaría el marco del presente artículo y nos alejaría del tema que nos ocupa, podemos señalar que, ya en el siglo XIX, el vínculo de la poesía con el espacio callejero cobra importancia con la difusión de poemas de la lira popular en los mercados y plazas, a menudo colocados en las puertas de los edificios, para informar acerca de eventos políticos y sociales, proferir acusaciones o suscitar el fervor religioso de la población en los versos “a lo divino”. Podríamos citar otro ejemplo más cercano: un siglo más tarde, durante la dictadura de Pinochet, los “poemas volantes” jugarán un rol activo en la denuncia de los actos de la Junta, así como la difusión clandestina de poemas roneografiados y ediciones artesanales. A este respecto, Naín Nómez explica acerca de la poesía del interior a comienzos de la dictadura que

El panfleto es la forma más socorrida de la escritura poética, en este caso, al servicio de la resistencia contestataria. El repliegue se centra en versos que pasan de mano en mano o se publican en forma artesanal y casi en forma anónima para denunciar y criticar el estado de cosas. (web)

Así, aunque se difunda en otro contexto histórico, la obra Poesía para negar la indiferencia , en la cual participan 29 poetas, se suma a esta tradición y posee un triple interés: da a conocer a poetas en su mayoría jóvenes y emergentes –salvo algunas excepciones de poetas reconocidos-, movidos por un anhelo idéntico de justicia y de colectivismo poético; preservar para el futuro el recuerdo de protestas sociales de envergadura; y considerar la literatura como arma, confirmando lo que escribió Jean-Paul Sartre: “la literatura le echa a uno a la batalla; escribir es una manera de querer la libertad; si uno ha empezado, por las buenas o las malas es comprometido”[4] (72). Esta poesía de combate adopta así una “posición […] excéntrica respecto de los mecanismos del poder”, recordando lo que José Joaquín Brunner y Ángel Flisfisch escriben, en otro contexto, acerca del arte producido durante la dictadura de Pinochet (125-126). Nos preguntaremos pues en qué medida estos textos poseen un fuerte contenido político-acusador y adoptan innovaciones poéticas cuyo objetivo consiste en resistir frente a una sociedad neoliberal a través de una original forma de experimentación literaria: el trabajo colectivo y la denuncia en vivo de un sistema educativo mediante la poesía.

Lo referencial temporal y espacial o cómo anclar el texto en un contexto.

Las referencias temporales y espaciales en el poemario anclan el texto en un contexto histórico-geográfico preciso, creando a través de la palabra poética un Santiago o un Valparaíso en miniatura, reducido y escueto, encerrado dentro de los límites de la página pero abierto a interpretaciones plurales por parte del lector. Igual que a lo largo de una avenida, el lector recorre la ruta poética que emprende con los manifestantes-poetas, sumergiéndose en un discurso lírico dinámico y en movimiento perpetuo, acompañando a los entes y voces poéticas en su marcha en contra del sistema educativo neoliberal.

Según lo expresan Olivier Fillieule y Danielle Tartakowsky, “la manifestación es esencialmente un fenómeno urbano ligado a la intervención de la calle como lugar geométrico de la contestación política”[5] (13). En el poemario estudiado, lo urbano cobra especial relieve y se convierte en efecto en lugar de reivindicaciones, protestas, movimientos. Se descubren alusiones recurrentes a los barrios, las calles, a Valparaíso y Santiago, valiéndose los poetas de las potencialidades expresivas de tales evocaciones. Estas ciudades y los manifestantes que desfilan por ellas son víctimas del sistema neoliberal imperante, como lo canta Helvert Barrabás: “Chiquillos torpes de ciudades claustrofóbicas / se arrinconan/ Como huracanes reprimidos en las academias mercantilistas (20). Al encierro (“claustrofóbicas”) se opone la determinación y el vigor de los jóvenes estudiantes deseosos de oponerse a las “academias mercantilistas”, como lo sugiere la metáfora climática “huracanes”, capaces de romper las celdas que aprisionan al ser en la sociedad actual. Por su parte, el hablante de ¡A la calle! de Rodemil Aldana exclama mediante un exhortativo: “Que la poesía se escriba en las murallas del barrio / Educando a la gente a sacarse el miedo” (22). La calle se va desplegando y se convierte en espacio de rebeldía y contestación política, según la cita de Fillieule y Tartakowsky, a través de la escritura y de los graffiti en los muros que, en la ciudad, apresan al ser (“murallas”). Por su parte, Juan Eduardo Díaz, en Detrás de usted, escribe: “En la plaza de armas se ven remos y escaños rotos” (36), poetizando a una capital en delicuescencia, derruida tras enfrentamientos, a medio camino entre realidad y pesadilla. Como con una cámara de cine y a través de un discurso poético movedizo cuya meta es enseñar las desigualdades sociales, el hablante parece filmar una trayectoria por la capital; así, en Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema, de Pepe Cuevas, el lector va transitando por las comunas de El Golf, la Dehesa, Apoquindo, Lo Curro, donde viven familias con altos ingresos, o por el Paseo Ahumada, avenida donde se mezclan y entrecruzan santiaguinos de capas sociales distintas (9). En Ropa sucia, de John Uberuaga, se lee: “como hoy / otros años / de llenar calles estrechas”, “Esta calle / la misma historia, la misma policía, / y un puñado de cabros gritando” (41-42): los estudiantes ocupan el espacio estruendoso en el cual se producen enfrentamientos con la policía y actos violentos, como lo descubrimos también en Después de la lluvia, de Christian Aedo: los manifestantes desfilan por la Alameda (“la Alameda se llena de estudiantes”) y cerca del Palacio de la Moneda, desde donde gobierna en ese entonces Sebastián Piñera, contra el cual protestan los estudiantes. Se canta un verdadero enfrentamiento entre dos bandos (“La Moneda / se arma hasta los dientes / en el sentido opuesto al movimiento / los ministros huyen como ratas”), realzando la cobardía de los dirigentes (46) a través de una confusión temporal. En efecto, para denunciar un sistema heredado de la Junta, se van entrecruzando las manifestaciones en contra de la dictadura y las marchas de oposición al gobierno de Sebastián Piñera. Como lo escriben Olivier Fillieule y Danielle Tartakowsky, “los lugares de poder se convierten cada vez más en blanco de reuniones y el punto de alcance de los desfiles (ministerios, prefecturas, ayuntamientos, embajadas), dibujando así una geografía simbólica del poder”[6] (14). Otra vez, se confirma la ocupación del espacio urbano por manifestantes, en este caso cercano a un monumento cargado de historia. El uso del verbo “llenar”, que parece indicar una presencia masiva de manifestantes en la ciudad, no es sistemático en los poemas de la antología dado que, si bien el espacio urbano se llena de voces y manifestantes, algunos lugares de éste parecen exentos de reivindicaciones, ajenos a cualquier compromiso político-social, como lo deplora la voz poética de Atardecer, escrito por Eduardo Gómez Toro: “en mi barrio no pasa nada”, “mis calles siguen su monotonía habitual”, “donde las calles parecen un homenaje / a la victoria, / a la gran victoria de la dictadura”, “los barrios siguen en la misma mierda de todos / los días” (23-24). El empleo de la negación, las referencias a la rutina y a la continuidad, la pertenencia a un barrio (“mis calles”) realzan la protesta del Yo que anhela una reacción de sus vecinos ante el neoliberalismo, la corrupción y la sociedad de consumo, aludiendo a “los caudillos revolucionarios, / que siguen comprando en el supermercado”, “los verdaderos delincuentes / se suben el sueldo o se bajan los impuestos”. Las aspiraciones del hablante, que surgen a través del uso recurrente del verbo “gustar”, vienen defraudadas, y la vuelta a la siniestra realidad resulta muy dolorosa: “Me gustaría creer, creer en esas avenidas / llenas de gente marchando por las calles / me gustaría creer que a veces sí podríamos cambiarlo todo […] Pero, abro las puertas de mi casa / y no veo las marchas”. El discurso utópico del Yo intenta colmar por la palabra poética el vacío de las calles de su barrio (23-24).

Si bien diversos poetas de la antología se refieren a espacios urbanos específicos de Santiago, el hablante de Poema para negar la indiferencia de Charly Tahn se desplaza hacia Valparaíso, donde se organizan numerosas manifestaciones como la del 21 de mayo de 2011, insistiendo así en la fuerza de un movimiento no únicamente capitalino: cita “las barricadas de Pedro Montt”, avenida porteña, en un poema fuertemente narrativo, de gran eficacia significante (61).

A la ubicación espacial efectuada por el Yo poético, quien ancla su discurso lírico en la urbe santiaguina, se suma el contexto referencial temporal relacionado con estas marchas de gran envergadura. Se trataría, entonces, de contribuir a la acción política mediante la palabra poética en un marco preciso y un contexto peculiar: las marchas estudiantiles de 2011 y, asimismo, la dictadura de Pinochet, durante la cual se instauró el sistema educativo todavía vigente. Los poetas de la obra, quienes en su gran mayoría participan poética y físicamente en las manifestaciones populares y ciudadanas, citan fechas concretas en algunos de sus versos, como el 14 de julio en el título del poema de Flavio Dalmazzo (34), o el 21 de mayo de 2011 en Poema para negar la indiferencia (Tahn 61). Se reconstituye así una cronología de los hechos mediante un calendario poético que celebra las acciones más relevantes de la movilización estudiantil. Los poetas relacionan su presente y sus contingencias con un futuro de cambios, capaz de recordar estos movimientos gracias a la perennidad de la escritura lírica, dándole su pleno sentido a la palabra “revuelta”, definida por Julia Kristeva como un “retorno-inversión-desplazamiento-cambio […]. Lo que tiene sentido hoy, no es inmediatamente el porvenir […], es la re-vuelta: es decir el cuestionamiento y el desplazamiento del pasado. El porvenir, si existe, depende de ello” [7] (10-11). A través de la revuelta, los discursos líricos que analizamos proponen vías nuevas capaces de instaurar otras formas de educación y romper con el sistema económico del período de la Junta militar. Se confirma así lo que escribe Fernando Alegría: “un escritor que vive la revolución desde adentro no podrá evitar, si es sincero, preguntarse cómo actúa su obra en la nueva organización social y qué se espera de él dentro del dinamismo de la revolución” (10). Si las marchas y manifestaciones de 2011 apuntan a cambiar el sistema, la palabra poética también contribuye a reformarlo.

Romper con el pasado neoliberal pinochetista, hacer que se abra una nueva etapa constituiría pues el motor de esta obra mediante la cual el lector efectúa un recorrido espacio-temporal a través de la ciudad y de movilizaciones fechadas, siguiendo el mapa urbano poético-textual creado colectivamente por los diferentes arquitectos-poetas de la antología. Se va elaborando un puzzle poético cuyas piezas un lector atento es capaz de reunir, reconstruyendo asimismo la imagen completa de las urbes cantadas. La postura estético-ética de los diferentes poetas del volumen consiste en presentar el espacio urbano como lugar de manifestaciones estudiantiles, pero también objeto de reivindicaciones más amplias que las meramente universitarias.

Acusaciones y reivindicaciones.

Las manifestaciones estudiantiles de 2011-2012 en Chile, además de organizarse en la calle, también van ocupando el espacio de la página del poemario, convirtiéndose la escritura en otra forma de manifestación y, según la definen Olivier Fillieule y Danielle Tartakowsky, en una “forma de acción política”[8] (11). Esta movilización, que combate el lucro en la educación, empieza en mayo de 2011 como protesta contra un sistema educativo que tiene su origen en los años ’80, y contra el cual ya protestaban varios académicos, como lo explica en 1982, en la revista Araucaria de Chile, una tal Anamaría:

Nosotros, los universitarios, iniciamos el año en el más completo caos, gracias a la nueva ley sobre universidades que Pinochet promulgó, hábilmente, durante el verano del 81. Carreras completas sin programa ni plan de estudio (como es el caso de todas las pedagogías, reagrupadas en la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas, a fin de dividir el movimiento estudiantil que mantuviera sus banderas en alto durante todo el año 1980). Ni siquiera los locales de clase para cada carrera y curso, estaban definidos. (10)

Esta ley del verano de 1981 ya se enfrentó a un fuerte rechazo en los años 80 dado que reformaba profundamente el sistema universitario: se eliminaba, en efecto, la educación terciaria gratuita y se producía un endeudamiento de los estudiantes. Unos años más tarde,  en marzo de 1990, justo antes del fin de la dictadura, se promulgó la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), que reduce el papel del Estado en el dominio educativo (Smink). Es efectivamente lo que denuncia Yeko Aguilera en El soñador: “soñé que me endeudaba hasta la penca por una educación no / menos estéril que la educación de los callejones & las cucarachas” (56). Este discurso coloquial cuestiona las anomalías del sistema educativo chileno puestas en tela de juicio por el hablante. Lo mismo ocurre con el poema ¡A la calle! de Rodemil Aldana, el cual, mediante versos breves, elípticos de verbos, evoca “la educación de Pinochet”, insistiendo otra vez en la prolongación en el presente de enunciación de un sistema heredado de la dictadura. El ritmo entrecortado, desigual, la brevedad de los versos, reproduce el movimiento de las manifestaciones y crea eslóganes concisos, eficaces, parecidos a graffitis escritos en los muros de la ciudad. Citemos por ejemplo los sintagmas “Sacudirse el miedo” y “La barricada ardiendo”, versos nominales que condensan el significado, incitan a la lucha y evocan sin rodeos la violencia de los enfrentamientos (22).

Pese a todo, la mayoría de los poemas del libro tienden a ir más allá de la sola denuncia del lucro en la educación. En efecto, se profieren feroces ataques contra el capitalismo, el neoliberalismo y la sociedad de consumo de manera amplia, a través del uso de la constelación semántica de la destrucción, tal como lo comprobamos en el título del poema Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema, de José Ángel Cuevas, compuesto en 2001 pero cuya inserción a la antología de 2011 resulta coherente. El Yo lírico va enumerando marcas norteamericanas y europeas de objetos de consumo (“cajas de zapatillas Old Night”, “sombrerito Space”, “faldas de seda Von Strasse”), valiéndose de numerosas barras diagonales que separan los sintagmas, jugando con la tipografía (uso de mayúsculas y minúsculas), llenando su discurso poético de negaciones y preguntas retóricas que rechazan al consumismo (“No a los spots, No más, no más, No compres nada, Hoy No”). Su objetivo es incitar a combatir “el poder de los Grandes capitales”, mediante un discurso fuertemente coloquial y el uso del “tuteo” que crea cierta proximidad y complicidad con el receptor (7-9). El mismo poeta Raúl Zurita dice de Cuevas: “En José Ángel Cuevas el idioma hablado tiene en la acepción mayor del término: en su sentido casi olvidado, un significado moral” (99-102). Lo ético y lo estético se van compaginando para denunciar el poder del dinero, denuncia emprendida también por el autor de Joven Polítikós. Como un estribillo, el verso “El poder actúa a través de mí” presenta al hablante como un eslabón de la sociedad de consumo (Antónimo 10). Por su parte, los poetas Charly Tahn y David Santos Arrieta, en sus respectivos Poema para negar la indiferencia y Me robaría un plasma también revelan su rechazo a la sociedad de consumo. El Yo del primer poema, en su discurso lírico, introduce la negación como rasgo tipificador: “sentí que ya no deseaba ni necesitaba casi nada de lo que el supermercado podía ofrecerme”, reivindicando su ideología política: “Y decidí tomarme el comunismo más en serio, practicarlo” (59). El hablante del segundo poema fundamenta su enunciación sobre la idea de destrucción del orden capitalista y consumista como lo confirma la violencia gestual a la que refiere el uso del verbo “tirar””: “me robaría un plasma / pal puro gusto de tirarlo al fuego” (33). En El soñador de Yeko Aguilera, el Yo se vale de la recurrencia anafórica “Soñé que…”, para denunciar situaciones de opresión e injusticias a través de un discurso denso, hecho de un bloque estrófico en prosa poética, en la que abundan los coloquialismos y las barras oblicuas: “Soñé que en mi ciudad –frente al mar, tapándolo como si fuera una pequeñísima poza / de meca – construían un mega casino, / mientras en los cerros la gente se cagaba de hambre”, “Soñé que en el sur se reprimía & asesinaba a los mapuche” (54). Estos versos resultan fuertemente acusadores con respecto a la política neoliberal agresiva para con los mapuches[9]; a este respecto, Paul Walder publica en la revista Punto final en 2009 el artículo Neoliberalismo y represión contra el pueblo mapuche y escribe: “Lo que se propone es un estado neoliberal extenso, profundo y homogéneo. En Chile no hay cabida para otras culturas ni formas de vida”. El canto a los mapuches también se convierte, en A Juana Calfunao y Patricia Troncoso de Elías Hienam, en un poema-homenaje a dos activistas que luchan contra la usurpación de sus territorios y a favor de la causa de su pueblo[10]. En el poema, se emplean imágenes de la cultura mapuche (“plumas de plata, calor de la tierra”), oponiendo la pureza de la cosmovisión de esta comunidad a la brutalidad de los que intentan negarla (“Fiscales arañas clandestinas tejen trampas”, “Han venido / a incendiar este abrazo loco de ausencia”), evocando implícitamente el encarcelamiento y la represión en contra de las activistas (“Hoy cae una y se levantan diez”) (32). Por consiguiente, esta empatía con respecto a los mapuches constituye un elemento clave de denuncia del capitalismo y del neoliberalismo, la cual cobra aspectos muy diversos y se expresa mediante una serie de herramientas verbales de gran eficacia significante.

 Creación lingüística y lúdica: la poesía como arma.

En tanto actores de las manifestaciones, estos poetas transcriben poéticamente los eventos en los cuales participan –las marchas–, confirmando lo que escribe Alain Touraine: “Es el conflicto el que constituye y organiza al actor”[11] (361). El conflicto entre poder y manifestantes forja pues la escritura poética de los diferentes autores del volumen. Mediante procedimientos escriturales variados, una puesta en página original, se emprende, añadiéndose a la manifestación callejera, una verdadera “manifestación de papel”[12], expresión creada por Patrick Champagne al referirse a la prensa (28). Si bien la función de la prensa y la de la poesía son distintas, la definición de “manifestación de papel” se ensancha y cobra un significado plural, aplicándose plenamente a los poemas panfletarios de la antología.

Entre las distintas herramientas empleadas, cabe citar el uso de una pluralidad de voces líricas que corre pareja con las numerosas voces de los manifestantes que corean a lo largo del desfile. Los hablantes múltiples pueblan el poemario, expresándose en primera persona del singular o del plural y dirigiéndose a menudo a un lector-manifestante. En Joven Polítikós, la brevedad formal y la enunciación en primera persona del singular hacen del Yo poético un ser comprometido, que efectúa su autocrítica: “Voy y compro lo que no necesito”, “Voy y voto”, “Voy y me candidateo”, el poder actúa a través de ti, de mí y de todos mis compañeros” (Antónimo 10-11). Para realzar la idea de solidaridad, el hablante de Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema se expresa en primera persona del plural, a través de invitaciones formuladas mediante preguntas: “¿Y si todos nos declaramos en estado de No Pago? / ¿dejamos de comprar objetos en un mes corrido?”, (Cuevas 7), llamando a la rebeldía y la desobediencia, dirigiéndose a veces directamente a un “Tú”: “¿Tú piensas que tenemos esperanzas?” (9). Los hablantes son a menudo un manifestante o un sujeto disidente, deseoso de derrocar un sistema injusto. Los Yo líricos de Helvert Barrabás, Eduardo Gómez Toro o Víctor Munita Fritis también emplean esta primera persona del singular: “Mi canto” (Barrabás 20), “Me gustaría creer”, (Gómez Toro 25), “recuerdo a mis hermanos / combatiendo en las calles de Santiago de Chile” (Munita Fritis 27), presentándose como testigos de un sistema que rechazan y actores de un cambio posible. Por otra parte, la estructura formal de los discursos poéticos es muy variada: a la amplitud de ciertos poemas, como el de Las estatuas de mi pueblo no luchan de Vicente Arouet (28) responde la brevedad del poema Pesar de Pp Alicura, cuyos versos son a veces monosilábicos y nominales. La longitud verbal reproduce la del desfile cuando la brevedad expresa actos rápidos y enfrentamientos entre fuerzas del orden y manifestantes. Algunos optan por la grandilocuencia y el discurso casi épico, otros abogan por la concisión formal y la brevedad en su combate verbal. Por su parte, Juan Carreño, en Poema escrito por más de cien jóvenes…, texto parecido a un sueño de escritura colectiva, se van sucediendo las voces sin hilo, creando un estruendo y esta vez una polifonía enunciativa dentro del mismo poema. El lenguaje grosero y la oralidad vienen transcritos gráficamente mediante cambios ortográficos alejados de la norma gramatical: “¡Vamoh pallá po! / ¡Vamo po cabroh a camotiar a loh pacoh culiao!”, “¡Da la cara paco conchetumadre!”, “¡Chupa la pichula paco chuchetumare!” (50-52). Las oraciones se siguen a lo largo de versos exclamativos que crean ritmo y dinamismo, como ocurre con los clamores de los manifestantes durante un desfile.

Se descubre, por otra parte, la presencia de un coloquialismo irreverente y subversivo imitativo del lenguaje popular. En 14 de julio, Errazuriz con Brasil, Flavio Dalmazzo introduce el coloquialismo mediante la exclamación popular, señal de sorpresa, pánico, angustia, “chaucha”: “pero chaucha / chaucha tú que ellos vienen” (34), que sumerge al lector en la atmósfera tensa de las manifestaciones, siendo este poema un cliché fotográfico de las marchas. Citemos también el uso del término peyorativo “pacos”, muestra clara de la denuncia de los actos policiales emprendida por los poetas del volumen (Gómez Toro 24). En otros poemas, los juegos sonoros, que realzan  la dureza de las protestas, reproducen acústicamente los choques entre fuerzas del orden y manifestantes, como lo demuestra Pascual Lammas en La brecha: los sonidos brutales [br] y aliteraciones de oclusivas contribuyen a fracturar el enunciado: “La muchedumbre cabreada alumbra abruptamente dando bramidos / Empobrecida despierta a organizar su vibrar iracundo de sobra / Embriagada de abrasivas broncas encubiertas / Como brillosos braseros abriéndose frente a la sombría / podredumbre” (57). Se hace hincapié en la determinación de los estudiantes que forman parte de la “muchedumbre cabreada” y que expresan tanto su furia como su desacuerdo (“vibrar iracundo”, “broncas”, brillosos braseros”). Si lo acústico juega un rol preponderante, la presencia de la luminosidad –reveladora de la intensidad de la ira- despierta los sentidos del lector.

Esta violencia es muy frecuente en el poemario y se encarna en la vehemencia verbal, la isotopía de la lucha y la rebelión contenida en ciertos poemas. Citemos así 14 de julio, Errázuriz con Brasil, de Flavio Dalmazzo: dentro de un discurso fuertemente antipoético y coloquial que utiliza frases nominales, el Yo canta la Gran Marcha por la educación en Valparaíso donde se unieron estudiantes, trabajadores portuarios, camioneros, funcionarios públicos, oponiéndose a la política del Presidente Piñera. En las calles se tiran piedras, armas de los manifestantes, que recuerdan el eslogan de los acontecimientos de mayo de 1968 en Francia: “Bajo el pavimento, la playa”[13]: “Piedras que se parten / en las calles de siempre”, “Estas calles, esta lluvia de piedras, esta / quema tardía de horas” (Dalmazzo 34). Con las aliteraciones de la oclusiva [k] que martillea el ritmo, se reproduce el choque de los proyectiles lanzados durante la manifestación. Efectivamente, a través de la evocación a las armas artesanales utilizadas por los manifestantes, a las que emplean las fuerzas del orden y a las instalaciones provisorias, se alude a la brutalidad de los enfrentamientos: “gases paralizantes” (Aldana 22), “proyectil” (Vergara 26), “piedra” (Aedo, Carreño 46 y 50), “alambrados” (Lammas 57), “barricada” (Aldana 22), “barricadas” (Alicura 31). El mismo Giorgio Jackson escribe en su libro El país que soñamos: “[muchos] reaccionaban a la represión – que era violenta y gratuita – lanzando piedras y levantando barricadas”. En el poemario, el uso recurrente de los verbos “combatir” (Munita Fritis 27) y “luchar” (Arouet 28) confirman el peso de la palabra poética que se parece a una bomba de efecto retardado. Camilo Norambuena propone, pues, “lanzar los libros que tengamos a mano” (18), convirtiéndose el poema en proyectil capaz de contribuir a los cambios anhelados por los manifestantes. La poesía es, entonces, arma contra el lucro en la educación y, más generalmente, el capitalismo, el neoliberalismo y cualquier forma de represión.

Apuntes conclusivos.

Los diferentes autores de la antología, además de participar en su gran mayoría en las protestas callejeras, organizan una manifestación o marcha por medio de la poesía, ocupando el espacio de la página además del de la calle y expresando sus convicciones políticas. Esta antología, mediante un trabajo formal profundizado por parte de los autores, que incluye el léxico de combate empleado y la fuerza expresiva de tales recursos, aporta su grano de arena a las reivindicaciones estudiantiles y gremiales, como las de los trabajadores del cobre, por ejemplo, que se sumaron en ese momento al movimiento. Este libro es esperanzador, a pesar de sus acusaciones virulentas y amargas al sistema vigente. En efecto, como escriben Manuel Antonio Garretón y Javier Martínez acerca del movimiento estudiantil del siglo pasado en Chile, “las grandes transformaciones históricas han sido precedidas por una activación de la movilización de los estudiantes cuyo signo prefigura, de alguna manera, el carácter de los cambios sociales que se avecinan” (5). Finalmente, poesía y manifestaciones van a menudo unidas: en efecto, a esta movilización verbal que se hace mediante la palabra poética se suma el apoyo de poetas chilenos de renombre, como Raúl Zurita, quien escribió: este movimiento de los estudiantes lo encuentro súper impresionante  […]. Ojalá que su victoria sea absoluta, total […]. Y que conquisten, como dice Rimbaud ‘las espléndidas ciudades a las que a nosotros nos fueron negadas’. Ojalá que se las den a ellos”.

Zurita, premio nacional de literatura del año 2000, considera determinante este movimiento estudiantil y lo vincula implícitamente con la poesía al mencionar a Arthur Rimbaud. La “conquista” de derechos nuevos pasa no sólo por las marchas callejeras sino también por la creación literaria, la unión de fuerzas y la solidaridad de las que la antología constituye un buen ejemplo. Federico Grünewald recuerda que “Chile pone en marcha su extraño sistema de gratuidad universitaria” y explica que “[c]on la nueva ley que reforma la educación superior sólo quedarán exceptuados de pagar los estudiantes de sectores más vulnerables, que equivalen al 28% del total”.  El sueño de la educación gratuita tiene todavía mucho camino que recorrer, pese a los progresos y avances que se realizaron en este dominio en 2016.

 

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Fecha de recepción: 06/10/2016

Fecha de aceptación: 15/03/2016


[1] En el Tratado de Ancón, mediante el cual se acabó la guerra entre Chile y Perú, se indicaba que las ciudades de Tacna y Arica le pertenecerían a Chile durante diez años. Los sacerdotes de ambas ciudades eran nombrados en Perú y se le acusó a Sibilia manifestar favoritismo por los curas de Perú.

[2]ANÓNIMO (s.f.), “Primeros movimientos sociales chilenos (1890-1920)”, en línea: http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=elmovimientosocialdecomienzosdelsigloxx [página consultada el 03/10/2016].

[3] Efectivamente, esa continuidad con el sistema económico de Pinochet la confirma Hugo Fazio al escribir, acerca del gobierno de Patricio Aylwin (el primer presidente de la Transición) que “sectores de derecha ven claramente la continuación de una política económica que les resulta ampliamente favorable” (Fazio, 1996: 27).

[4] “la littérature vous jette dans la bataille ; écrire c’est une certaine façon de vouloir la liberté ; si vous avez commencé, de gré ou de force vous êtes engagé” (traducción propia).

[5] “la manifestation est essentiellement un phénomène urbain lié à l’invention de la rue comme lieu géométrique de la contestation politique” (traducción propia).

[6] “les lieux de pouvoir deviennent de plus en plus fréquemment la cible des rassemblements et le point d’aboutissement des cortèges (ministères, préfectures, mairies, ambassades), dessinant ainsi une géographie symbolique du pouvoir” (traducción propia).

[7] “la révolte, donc, comme retour-retournement-déplacement-changement […]. Ce qui fait sens aujourd’hui, ce n’est pas immédiatement l’avenir […], c’est la ré-volte : c’est-à-dire le questionnement et le déplacement du passé. L’avenir, s’il existe, en dépend” (traducción propia).

[8] “forme d’action politique” (traducción propia).

[9] Bulnes escribe que, durante la dictadura, “[l]os ex-ocupantes de los terrenos que el Instituto de Desarrollo Indígena, y los Jueces de Indios habían ordenado restituir a las reducciones se agregaron como bandas civiles armadas a las operaciones de la represión y recuperaron para sí dichos terrenos, ejercitando desquites y venganzas personales a la vez que tomas de posesión ajenas a todo sentido jurídico” (85, 86, 103).

[10] Juana Calfunao es una mapuche que lucha contra la usurpación de sus territorios. Estuvo encarcelada varios años (Anónimo, Comunicado Público).

[11] “C’est le conflit qui constitue et organise l’acteur” (traducción propia).

[12] “manifestation de papier” (traducción propia).

[13] “Sous les pavés, la plage” (traducción propia)